Mis pensamientos...

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jueves, 22 de septiembre de 2011

El sistema de pensamiento en la economía clásica



El sistema de pensamiento en la economía clásica

Características generales del “clasicismo” en economía:

Los cincuenta años en torno del final del siglo XVIII marcan un cambio social profundo. Formas nuevas de producción, de relaciones sociales, de gobierno y de pensamiento social, que en su lucha contra las antiguas se habían desarrollado de una manera lenta y muchas veces vacilante, avanzaban ahora triunfante y las batallas anteriores fueron fácilmente olvidadas. En el campo de las ideas, el reflejo de los cambios económicos y políticos acusa una diferencia aún más notable que los cambios mismos. El pensamiento social toma conciencia de sí mismo y revela un conocimiento más completo que hasta entonces de la naturaleza del orden social que se estaba erigiendo ante sus ojos.

La economía nació como ciencia en el período clásico, sobre cuyo comienzo y final nunca hubo acuerdo entre los economistas. Los más moderados eligieron comenzar por Adam Smith (1776) y culminar con Stuart Mill (1848). Los franceses prefieren como punto de partida a Quesnay y su cuadro económico, en tanto Marx señaló como primer clásico a William Petty (siglo XVII) y como último, a Ricardo (1817). Los seguidores de Marx prefieren considerarlo a él como último y mayor clásico. Keynes (1936) llamó economía clásica al período que se extiende desde Ricardo hasta 1936, su propia obra.

La economía clásica es una teoría con su modelo y su referente empírico. La economía clásica es un discurso sobre la producción. También habla de los mercados, de los procesos monetarios, de la intervención del estado

La demanda es el factor de perturbación a corto plazo. A los clásicos no les interesaba mucho el corto plazo. La demanda perdía capacidad explicativa si operaba en condiciones de mercado en que las funciones de oferta son infinitamente elásticas y cuando los costos unitarios son constantes.

La nula presencia de la demanda tiene su contrapartida en la omnipresencia de la oferta. El valor de cambio se determina por las condiciones de oferta o por los costes de producción.

La economía clásica considera a la sociedad segmentada en grandes agregados de personas: propietarios, productores, y estériles (Quesnay); terratenientes, asalariados y capitalistas (Smith-Ricardo); asalariados y burgueses (Marx). La economía clásica es conservadora, y no contempla el cambio de status social., al que consideran dato de mayor durabilidad aun que el largo plazo. En el análisis de las cosas económicas, no se tiene en cuenta movilidad social alguna. Quien había nacido en una clase quedaba adscripta a ella por el término de su vida natural. El orden económico incluso aportaba mecanismos que contribuían a mantener a todos en su clase de pertenencia: el asalariado necesitaba consumir todo su salario, no lo era posible ahorrar ni por tanto acumular un capital, por pequeño que fuera, para pasar a la clase de patrono. Acumular capital era privativo de los perceptores de ganancias. Poseer tierras era privativo y excluyente de la nobleza.

Cuando se habla del largo plazo éste expresa una convención que designa distintas duraciones de tiempo, según el problema que se analice. Si se trata de ver la respuesta de la oferta de trabajo a una mejora del salario corriente, el plazo es de once años, lapso que transcurre entre el nacimiento y la aparición de un niño en el mercado laboral. Si se trata de ver la respuesta de la oferta, el largo plazo es el tiempo necesario para ajustar el capital fijo de una unidad de producción. Si se trata de medir el precio natural de un bien, debe conocerse toda la serie anterior de precios de mercado. Si se trata de analizar los efectos de una expansión de la cantidad de dinero, el largo plazo es el efecto final sobre los precios, luego de ajustes sucesivos que llevan a la economía a estados próximos al pleno empleo.

Otras características del sistema clásico son:

· Visión optimista del funcionamiento de los mercados: Los clásicos favorecían la libertad, los mercados no regulados y la libertad individual irrestricta. Tenían la seguridad de que la libertad y la exención de impuestos eran buenos por sí mismos. Además la libertad, en particular la económica, proporcionaba un medio a través del cual la economía podía funcionar de manera más eficiente. Los individuos y los negocios deberían tener libertad de comerciar sin que interviniese el gobierno. Más aún, los clásicos consideraban que la libertad económica y política estaban entrelazadas de manera indisoluble; ambas se fertilizaban mutuamente.

· La preocupación por el crecimiento económico: Al tener una orientación esencialmente macroeconómica los economistas clásicos avisoraron el descubrimiento de las fuerzas que determinan la tasa de crecimiento económico. Su preocupación por el crecimiento condujo a los economistas clásicos al estudio de los mercados y al sistema de precios como un asignatario de recursos. Los clásicos estudiaron la formación de los precios relativos y de mercados, a fin de comprender su impacto sobre el crecimiento económico. Los clásicos también mostraban mucho interés por las fuerzas que cambian la distribución del ingreso a través del tiempo.

· Otro alejamiento notable del pensamiento mercantilista: Aun cuando la estructura teórica de los mercantilistas era débil, ellos confiaban en su capacidad para entender el funcionamiento de la economía. Una vez que estaban convencidos de haber logrado dicho entendimiento, consideraron apropiado intentar remediar cualesquier defectos que percibían en el funcionamiento de la economía, ya sea a través del cambio de las estructuras institucionales o permitiendo la intervención del gobierno. A los mercantilistas les gustaba compararse con un doctor que atendía a su paciente: ellos recetaban remedios para el mal funcionamiento de la economía, los cuales a menudo suponían la intervención del gobierno. Esta certeza de conocimientos por parte de los mercantilistas contrasta por entero por el escepticismo de Adam Smith, quien cuestionaba la sabiduría de los políticos, los cuales se atrevían a sustituir juicios del mercado por los suyos.

Entre los principales aportes de Smith:

· Estableció el concepto de la libre competencia como única vía para asegurar el máximo bienestar de la sociedad.

· Definió la importancia de la división del trabajo como causa principal de la reciente productividad

· Planteó una nueva división de la sociedad en clases

· Desarrolló la teoría del trabajo como fuente del valor de los bienes.

El bienestar de la sociedad

Una de las ideas fundamentales de Smith es que en la naturaleza del hombre existe una cierta propensión a intercambiar unas cosas por otras. Para él, el hombre es un individuo egoísta que busca su bienestar de acuerdo únicamente con sus propios intereses.

Es a través e la búsqueda de su interés personal y guiados por lo que Smith llama una mano invisible, que los individuos alcanzan el interés general, el bienestar de la general.

La armonía de la sociedad resulta del equilibrio de las fuerzas económicas y no de la intervención de una autoridad política como el Estado. Sin la intervención del Estado es cuando se alcanza máximo bienestar tanto del individuo como de la sociedad en su conjunto. Este último concepto constituirá el fundamento de la nueva corriente: el liberalismo económico.

Estado y Libertad individual

Para Smith las normas principales de la política económica serán la libertad de la actividad económica individual y la eliminación de la intervención del Estado. El gobierno sólo debe tener cuatro deberes: la defensa contra la agresión extranjera, la administración de justicia, el sostenimiento de obras e instituciones públicas que no son rentables para los particulares y la defensa de la propiedad privad. De esta manera, Smith establece la necesidad de existencia del Estado sólo como protector de los derechos naturales del hombre.

Adam Smith estaba convencido de que con la libre competencia y el rápido desarrollo de la economía capitalista, no sólo se incrementaría la riqueza de las naciones, sino que mejorarían las condiciones de vida de las clases más bajas, que podrían recibir una porción cada vez mayor de la creciente riqueza de la sociedad.

La libre competencia, junto con la división del trabajo, es lo que da lugar a un aumento de la riqueza de la sociedad y al producir una mayor cantidad de bienes también causa una disminución de los precios, y con ello no sólo se ven beneficiadas las clases altas sino también las clases pobres ya que pueden acceder a una cantidad de productos más baratos.

Smith advierte que la monotonía que genera un trabajo reducido a muy pocas y sencillas operaciones entorpece la actividad del cuerpo del trabajador y lo incapacita para ejecutar cualquier otra ocupación a la que no está acostumbrado.

A largo plazo, tanto el trabajador como el patrono se necesitan mutuamente, pero con distinta urgencia.

Las nuevas clases sociales

Salario: se entiende por salario del trabajo aquella recompensa que se otorga cuando el trabajador es una persona distinta del propietario del capital que emplea el obrero.

El beneficios una deducción del producto del trabajo de la cual se apropia el capitalista. Pero, además, las variaciones en los beneficios dependen de la cantidad de capital invertido.

A medida que hay más comerciantes que venden el mismo producto, la competencia entre ellos hace que comiencen a ofrecer sus productos a precios cada vez más bajos con el fin de atraer a los compradores. Pero a medida que los precios bajan, disminuyen también los beneficios obtenidos por cada uno de los comerciantes. Incluso podría suceder que decidan salir de ese negocio e invertir su capital en otro que rinda mayores ganancias.

Smith plantea que los beneficios están directamente relacionados con la cantidad de capitales que se invierten en un mismo tipo de negocio.

La renta es aquella parte del ingreso proveniente del producto de la tierra y que el propietario exige un virtud de su derecho de propiedad.

Según esta división del ingreso, las clases se dividen de acuerdo con la forma en que los individuos reciben dicho ingreso: los asalariados, las empresas capitalistas, y los terratenientes.

La clase de los asalariados agrupa a aquellos individuos que reciben sus ingresos en forma de salarios a cambio de su trabajo, ya sea que éste se realice en la agricultura o en la industria. La clase de los capitalistas está compuesta por aquellos que reciben sus ingresos en la forma de beneficios provenientes del capital, ya sea que éste se aplique a la agricultura o a la industria. Los terratenientes, por su parte, son aquellas personas que siendo propietarias de una porción de tierra reciben un ingreso (denominado renta) que proviene del excedente generado por aquellos que trabajan esas tierras.

El origen de la riqueza

Smith, la igual que los fisiócratas, considera que la fuente de toda riqueza es el trabajo. Este "trabajo" debe entenderse como la suma total del trabajo de una nación. Por lo tanto, el dinero (oro y plata) no constituye riqueza alguna, sólo es el medio por el cual se facilita la circulación de los productos.

En consecuencia. Para aumentar la riqueza social, será necesario aumentar el trabajo total de la sociedad. Esto se puede lograr aumentando la cantidad de miembros trabajadores de la sociedad o bien a través de un aumento en la productividad del trabajo. En el primer caso, será necesario un incremento en el capital toral. En el segundo caso, la productividad del trabajo puede ser aumentada como resultado de la división del trabajo.

Esta división del trabajo da origen, según Smith, al progreso en la sociedad.

La división técnica del trabajo incrementa la productividad por varios factores:

· El aumento de la destreza de cada uno de los trabajadores al repetir la misma acción continuamente

· La reducción de tiempos muertos (tiempo perdido) al economizar tiempo que antes se perdía al pasar de una tarea a otra.

· Facilita la intervención de un gran número de maquinas – herramientas que permiten aumentar la capacidad productiva de un hombre.

¿Cómo se establece el valor de las cosas?

Smith dice que la palabra "valor" tiene dos significados diferentes: algunas veces, expresa la utilidad de un objeto; otra, expresa la capacidad de comprar otros productos. En el primer caso se trata de "valor de uso" y, en el segundo, del "valor de cambio".

Smith se propone descubrir los principios o "leyes naturales" que regulan el valor al que se le realiza el intercambio de mercancías, es decir, su valor de cambio. Para esto investiga cuál es la medida real de este valor o, en otras palabras, cuál es el precio de todos los bienes.

La riqueza de cada individuo dependerá de la cantidad de mercancías, o productos del trabajo de otros, que pueda adquirir en el mercado. Smith llega a la conclusión d que la medida real del valor de todas las mercancías es el trabajo: lo que realmente vale una mercancía para su poseedor es el esfuerzo que requiere producir dicha mercancía, y por otra parte, también es el trabajo que se puede ahorrar al intercambiarla por otra mercancía.

Cuando los poseedores de capital emplean a otras personas para trabajar y les suministran los materiales y las herramientas, se hace necesario que la venta del producto permita no sólo pagar los salarios de los obreros sino, además, obtener la ganancia que el capitalista exigirá en razón de haber comprometido su capital. Bajo estas condiciones, el producto ya no le pertenece íntegramente al trabajador, ya que una parte de dicho producto le será deducida a favor del capitalista (y del terrateniente en el caso de la agricultura)

Entonces, el precio de toda mercancía se compone se salarios, beneficios y renta. Éstas son las tres fuentes originarias de toda clase de ingreso y de todo valor de cambio.

Cuando el precio de una mercancía es suficiente para pagar los salarios del trabajo, los beneficios del capital empleado y la renta de la tierra, es mercancía, dice Smith, se vende por lo que realmente vale, y ese precio se llama precio natural. Lo interesante, es que Smith establece la diferencia entre le precio natural y el precio de mercado, que sería aquel que se paga efectivamente en el mercado. Este precio de mercado es regulado por las cantidades de mercancías ofrecidas y demandadas en el mercado, y puede ser mayor, igual o menor que le precio natural.

La ley de la oferta y la demanda

Cuando la cantidad de una mercancía que se lleva la mercado, la oferta, es insuficiente para suministrar la cantidad requerida o demandada por todos aquellos que están dispuestos a pagar el valor o precio natural, algunos de ellos, con tal de no renunciar a la mercancía, estarán dispuestos a pagar más por ella. Entonces, la competencia que surge entre los compradores hará subir el precio de mercado por sobre el precio natural.

En cambio, cuando en el mercado la cantidad de una mercancía excede la demanda, entonces no puede venderse toda esa cantidad entre quienes estarían dispuestos a pagar su valor natural. La competencia entre los vendedores hará bajar el precio de mercado respecto del precio natural.

Cuando la cantidad de una mercancía llevada al mercado es justamente suficiente para cubrir la demanda, entonces, el precio del mercado, coincidirá exactamente con e precio natural. La oferta coincide con la demanda, y toda la cantidad se vende a este precio que se denomina precio de equilibrio del mercado.

El precio natural es el precio de referencia alrededor del cual fluctuarán los pr4ecios del mercado de todas las mercancías. Esta forma en que actúan la oferta y la demanda, que se conoce como ley de oferta y la demanda, regulará el precio de equilibrio del mercado por arriba o por debajo del precio natural de la mercancía, haciéndolos coincidir en determinados casos.

La acumulación de capital

El fundamento del progreso de la sociedad es la producción industrial, pues sólo el trabajo del obrero y de los comerciantes e industriales capitalistas es productivo.

Por lo tanto, únicamente se puede aumentar el producto anual de un país aumentando la cantidad de trabajadores productivos o la productividad de los trabajadores. Y esto requiere de un capital adicional.

Smith piensa que sólo a través del ahorro es que una parte de los ingresos anuales pueden ser dirigidos a emplear trabajo productivo.

Para Smith la base del aumento de la riqueza está en ahorro, ya que supone que todo el ahorro se destina a incrementar el capital.

La disminución de los salarios generará un aumento en los beneficios de los empresarios, lo cuál provocará un aumento en el ritmo de crecimiento o acumulación de capital. Como habrá más recursos monetarios para aumentar la cantidad de trabajadores, entonces, se incrementará la demanda de trabajo.

Sin suponemos que la oferta de trabajadores no crece tan rápido como la demanda, entonces la competencia entre los capitalistas los llevará a ofrecer salarios más elevados para atraer trabajadores a sus empresas, con lo cual los salarios tenderán a subir.

Peri, si a medida que crece la acumulación de capital crecen también los salarios, entonces, en algún momento éstos constituirán un factor de disminución de los beneficios, provocando la desaceleración del crecimiento.

El poseedor del capital procurará aumentar la producción, ya sea introduciendo modificaciones en la organización de la producción o incorporando maquinarias nuevas, de manera tal que la misma cantidad de trabajadores produzcan más en menos tiempo.

Todos estos cambios implicarán que el capitalista puede aumentar su producción sin necesidad de aumentar la cantidad de trabajadores en la misma medida. Por lo tanto, este aumento en la productividad del trabajo hace disminuir la demanda de trabajo.

A largo plazo, entonces, el aumento de la riqueza nacional (junto con una mejora en la productividad del trabajo) trae aparejado un aumento de los salarios junto con los beneficios.

A medida que aumenta la riqueza de la nación y la acumulación de capital, aumenta también la demanda de trabajo y con ella la oferta de trabajo, es decir, la población de trabajadores necesarios para abastecer esa demanda. Por lo tanto, no habrá problemas ni de excesiva demanda de trabajo ni de un exceso de oferta de trabajo.

David Ricardo

Entre sus principales aportes se destacan la teoría de la renta diferencial y la teoría de que el intercambio internacional debía sostenerse en las ventajas comparativas de cada país.

También se ocupó de investigar de donde proviene el valor de las cosas. Coincide con Smith en que la palabra "valor expresa algunas vece la utilidad de un objeto (valor de uso) y otras, la capacidad de adquirir otros bienes (valor de cambio). Sin embargo, dice Ricardo que si bien la utilidad no es la medida del valor de cambio de una cosa, si es algo absolutamente esencial a ésta, pues, por ejemplo, el agua y el aire son muy útiles y no tienen valor de cambio. En cambio, el oro puede ser cambiado por muchos otros bienes y, sin embargo, tiene escasa utilidad comparado con el aire y el agua. En última instancia, concluye que el valor de cambio de las cosas que poseen utilidad tiene dos orígenes: su escasez y la cantidad de trabajo requerida para obtenerlas.

Para Ricardo, la cuestión principal a investigar era cómo se distribuía la creciente riqueza de la sociedad entre sus miembros. El problema principal de la Economía política consiste en determinar las leyes que regulan esta distribución. Siguiendo esta orientación Ricardo elabora su teoría de la renta diferencial.

Teoría de la renta diferencial

Define renta como aquella parte del producto de la tierra que se paga al propietario por el uso de las fuerzas originales e indestructibles del suelo.

Ricardo afirma que si toda la tierra tuviera las mismas propiedades, si fuera ilimitada en cantidad y uniforme en calidad, no se pagaría nada por su uso; por el contrario, se paga renta porque la tierra es ilimitada en cantidad y de diversa calidad.

Uno de los supuestos de Ricardo es que la porción de tierra que se cultiva en primer lugar es la de mayor fertilidad y mejor calidad, y que sólo al crecer l población, la necesidad de aumentar la provisión de alimentos hace necesario cultivar aquellas tierras de inferior calidad o situadas menos ventajosamente. Ahora bien, cuando estas tierras de segundo orden se empiezan a cultivar es cuando las tierras de primera calidad comienzan a pagar renta. Y el importe de la renta dependerá de la diferencia de calidad de esos dos terrenos.

Un ejemplo de renta diferencial

Ricardo dice que le precio de trigo está determinado por la productividad de a última parcela de tierra cultivada.

Por lo tanto, el precio de la tonelada de trigo en el mercado será mayor a medida que es necesario cultivar tierras de menor calidad. E esta manera, al elevarse el precio del trigo, aquellas tierras de mayor fertilidad reciben un plus o beneficio extraordinario que, medido en toneladas de trigo, deberán entregar al propietario de la tierra en concepto de renta.

La renta es siempre la diferencia entre el producto obtenido por iguales cantidades de capital y trabajo en tierras de calidad diferente. A este concepto se lo conoce como renta diferencial.

A medida que aumenta la renta disminuyen los beneficios que recibe cada cultivador. La necesidad de cultivar tierras de inferior calidad llevará a un aumento del precio del trigo que beneficia a los propietarios de las tierras y perjudica a aquellos que las trabajan.

El aumento en el precio del trigo obligaba a subir los precios. Los capitalistas estaban obligados apagar más a sus trabajadores para asegurar su subsistencia. Entonces, también se ven perjudicados los industriales, pues deberán pagar mayores salarios. Los terratenientes entran en conflicto con los intereses de los obreros y de los industriales. Mientras que los primeros desean que suba el precio del trigo, los obreros y os capitalistas ven con buenos ojos la caída de su precio. Pero Ricardo dice que los intereses de los terratenientes están en oposición al interés general de la sociedad.

Ricardo demuestra la existencia de conflictos entre las distintas clases sociales y demiente así la idea de armonía entre las clases sociales que Smith había establecido al decir que si crecía la riqueza de una nación se beneficiaban todas las clases.

Respecto de su teoría de la renta, cabe destacar que el posterior progreso en la tecnología aplicada a la actividad agrícola incrementó en gran medida la productividad del trabajo en ese sector resultando un continuo aumento de la producción agrícola aún con reducciones en la cantidad de trabajadores. No obstante, la teoría de Ricardo constituye un aporte fundamental al pensamiento económico.

Teoría de las ventajas comparativas

Ricardo estaba favor de la libre competencia no sólo en el caso del mercado interno, sino también en el comercio entre países.

Ejemplo:

TEJIDOS VINOS

INGLATERRA 100 120

PORTUGAL 90 80

Inglaterra tiene más interés en producir vinos y tejidos y exportarlos a cambio de importar vinos de Portugal. Obrando así, Inglaterra obtiene más tejidos y más vinos de los que obtendría se produjeran ambos bienes. Por su parte, si Portugal se dedica sólo a la producción de vinos, importando tejidos y exportando vinos, ello le rinde más provecho que si produjera ambos.

Ricardo dice que "la misma ley que regula el valor relativo de las mercancías en un país no regula el valor relativo de las mercancías cambiadas entre dos o más países".

Portugal tiene ventajas absolutas sobre Inglaterra en ambos bienes, ya que puede producirlos utilizando menor número de hombres por año que Inglaterra. En cambio, Inglaterra posee ventaja comparativa en la producción de tejidos, ya que puede fabricar tejidos utilizando menos recursos que en la producción de vino, mientras que en Portugal se da la relación inversa (utiliza más recursos en la producción de tejidos que en la de vinos). Pero si cada país se especializa en la producción de uno solo de los bienes, aprovechando las ventajas comparativas que posee, entonces obtendrán en total una mayor cantidad de esos bienes. De ese intercambio resultará que Inglaterra podrá comprar vino a más bajo precio que si produjese en ese país.

Por su parte, Portugal podría producir tejidos más baratos que Inglaterra, pero si dedica esos recursos (90 hombres al año) a la producción de vino y exporta una parte de esa producción, entonces podrá comprar mayor cantidad de tejidos que si los hubiese producido. Claro que Inglaterra podría ni producir ninguno de los dos bienes y desplazar esos recursos (100 más 120 hombres al año) a Portugal, donde ambos bienes se producen más fácilmente. Pero, dice Ricardo, no es fácil que se dé este desplazamiento de trabajo y capital de un país a otro.

Por lo tanto, en condiciones de libre competencia se establecerá una división internacional de trabajo, bajo la cual cada país se especializará en producir aquellos bienes en los que posee ventajas comparativas. De esta manera, Ricardo demostró que habría especialización en los países y comercio internacional no sólo cuando existieran ventajas absolutas sino también en el caso en que algún país no tuviera ventaja absoluta pero sí ventajas comparativas.

La ley de población de Malthus

Otro pensador que es considerado miembro de la Escuela Clásica es Thomas Malthus, quién nació en Surrey en 1766.

La idea básica de esta teoría es que el crecimiento de la población se halla limitado por el volumen de los medios de subsistencia. Cuando estos aumentan, la población crece, es decir que, a medida que aumenta la producción de alimentos crece el número de familias, pero lo hacen mucho más rápido que la producción, provocando de esta manera, una insuficiencia de alimentos. Según Malthus, esta situación genera miseria y hambre en la población, a menos que el crecimiento de esta última se impida por algunos medios.

Para Malthus diferentes factores podían frenar el rápido crecimiento de la población. Por un lado, estaban aquellos que aumentaban la tasa de mortalidad (como las guerras y las hambrunas). Por otro, se encontraban factores como el vicio y la restricción moral que disminuían la tasa de natalidad. Por lo tanto, Malthus pensaba que se debía desalentar la procreación. Estaba en contra de la beneficencia pública y creía que la ayuda tendía a agravar el problema, pues, según él, la falta de previsión era la causa de la miseria de los pobres, quienes se lanzaban al matrimonio y a la procreación sin tener en cuenta el futuro.

Las clases improductivas

A diferencia de Smith y de otros pensadores clásicos, Malthus defiende la existencia de las clases improductivas" (los terratenientes, la burocracia, el clero, etc.) que no producen y sólo se dedican a consumir.

Según él, se logra así el equilibrio entre la producción y consumo, oferta y demanda, evitando que se generen "crisis de sobreproducción". Malthus pensaba que, en el caso de los alimentos, no existía la posibilidad de un exceso de producción, pues el aumento en estos bienes genera su propia demanda al hacer crecer la población. En cambio, en el caso de los bienes de lujo suponía que habría que estimular su consumo por parte de las clases ricas para evitar un desequilibrio en la economía.

Malthus rompe con una de las posturas centrales de la tradición clásica: la creencia en un permanente equilibrio entre la oferta y la demanda, gracias a una exacta correspondencia entre las cantidades producidas y las consumidas.

Say:

La economía política es únicamente la ciencia de la constitución económica espontánea, o, de las leyes que rigen las riquezas. La economía política llega a ser una ciencia puramente teórica y descriptiva; la misión del economista, como la del sabio, no es la de actuar de consejero sino, simplemente, la de observar, analizar y describir. Debe ser espectador impasible. “Lo que debemos al público, es decirle cómo y por qué tal hecho es la consecuencia de tal otro. Si quiere la consecuencia o si la teme, con ello le basta; ya sabe lo que tiene que hacer; pero nada de exhortaciones.

Say piensa aplicar el verdadero método científico; por lo demás, compara la ciencia nueva más con la física que con la historia natural. Como las leyes de la física, “sus principios no son obras de los hombres…Derivan de la naturaleza de las cosas, no se los establece, se los halla, gobiernan a legisladores y príncipes, y jamás se los viola impunemente”. Como las leyes de la gravedad, no se limitan a las fronteras de un país: “los límites de las administraciones de los Estados, que constituyen todo para la política, no son más que accidentes para la economía política…De esa manera construye la economía política sobre el modelo de una ciencia exacta cuyas leyes son universales. Igual que en física, menos importa acumular hechos particulares que formular un reducido número de principios generales de los que luego se deducirá, según las circunstancias, una cadena más o menos larga de consecuencias. Impasibilidad, preocupación por lo universal y desconfianza de las comprobaciones aisladas: tales son, indudablemente, las cualidades que debe poseer el sabio, pero cualidades que, exagerándose en espíritus de menor amplitud que el de Say, pueden deformarse fácilmente, transformarse en defectos, que en este caso se llamarían indiferencia, dogmatismo y desdén por los hechos.

Según Say, la oferta total de productos y la demanda total de productos son necesariamente iguales, porque la demanda total no es otra cosa sino la masa total de los productos creados; en consecuencia, una obstrucción general sería un absurdo. Equivale a una abundancia más general de riquezas, “y las riquezas son una cosa de la cual no están más obstruidas las naciones que los particulares. Sólo es posible una mala dirección de los medios de producción, y, consecuentemente, una superabundancia de tal o cual producto; en otros términos, una obstaculización parcial. El pensamiento de Say es que nunca debe temerse la producción excesiva de todas las mercaderías simultáneamente, pero que muy bien puede haberse producido demasiado de tal o cual en particular.

El estilo de Ricardo es más condensado y exige más atención del lector. Su exposición pocas veces ofrece el alivio de aquellas digresiones históricas y aquellas disquisiciones filosóficas que confortan a los lectores de Adam Smith, aunque puedan servirle al autor para eludir obstáculos analíticos. La forma en que Smith expone sus ideas hace que su libro pueda ser leído con gusto por cualquier persona culta no especializada en materias económicas. Ricardo, sin educación académica, era un científico en sentido más estricto. Escribía para sus colegas economistas, y su mayor influencia la ejerció sobre ellos.

El riguroso método deductivo que con frecuencia se atribuye a Ricardo, remplazó a la mezcla de deducción e historia, mucho menos austera que había practicado Smith. Hay mucho razonamiento a priori en los Principios. Hay el supuesto del homo económicus que lucha siempre por lograr la mayor satisfacción posible; hay postulados acerca de la estructura social, tales como la existencia de la competencia; y los ejemplos son por lo general hipotéticos y no históricos. Ricardo utiliza mucho la abstracción.

Sin embargo el método no ha cambiado mucho. El homo económicus estaba presente en ambos autores. Por ejemplo, Smith al explicar el comportamiento de la mano invisible, la hace depender a ésta al hecho social de la competencia.

Por último cabe destacar que tanto Ricardo como Malthus son considerados como los l pesimistas puesto que comienzan a encontrar algunas fallas en la organización capitalista (principalmente el último).

La ciencia de la economía....

La hazaña suprema de Smith y Ricardo consistió en poner orden en el estado caótico de la investigación económica. A ese orden se le ha dado el nombre de sistema clásico. Las diferentes escuelas de pensamiento existentes entre los economistas posteriores han elegido este nombre por diversas razones: para denotar la autoridad indiscutible y general que poseen; para dar importancia especial a las consecuencias de esas doctrinas en el campo de las políticas; y otras veces, para distinguir el sistema de las escuelas críticas que se desarrollaron después de él y que, para muchos economistas, representan cierta decadencia.

Los análisis por parte de los autores Smith y Ricardo revelan el extremado rigor y los principios subyacentes en el funcionamiento del sistema capitalista, así como el proceso histórico que lo produjo. A esto añadió Ricardo sus intentos por descubrir la tendencia de la evolución futura del sistema. En segundo lugar, este análisis se distingue también por haber sido el primero en reconocer explícitamente que los fenómenos sociales, e incluso la historia, obedecen a leyes propias que pueden ser descubiertas. Lo que da a la obra de Smith y Ricardo su carácter científico, fue el conocimiento de una legalidad interior tan compulsiva en la economía capitalista individualista como lo habían sido en el feudalismo las formas externas de reglamentación. Que hayan sido limitados en su análisis técnico y en sus opiniones sobre la validez de las leyes particulares que descubrieron, no desdice la grandeza de su obra.

Ellos enseñaron a los economistas posteriores la necesidad de un principio unificado para explicar los fenómenos económicos. Trataron de dar una idea completa del proceso económico.

En síntesis, los elementos que se distinguen que permiten el aseverar que la doctrina clásica sean considerados como ciencia económica es:

1) La aparición de un cuerpo riguroso, coherente, estructurado y sistematizado de leyes económicas que explican los fenómenos económicos

2) Utilización de un método científico y riguroso, con la finalidad de descubrir leyes que expliquen y pronostiquen ciertos comportamientos.


Bibliografía:

· Eric Roll, Historia de las doctrinas económicas, FCE. BsAs, 1994. Cap.VIII: La economía moderna.

· FERNÁNDEZ LÓPEZ, M. Historia del Pensamiento Económico. Buenos Aires. A-Z, 1998

· LANDRETH &COLANDER. Historia del Pensamiento Económico Ed. CECSA 2000

· GIDE & RIST. Historia de las doctrinas económicas T.I Bs As. Arayú



domingo, 24 de julio de 2011

Esta charla, en su primera parte, tiene como objetivo llevar a cabo una sistematización elaborada de la incipiente literatura que desarrolla las propiedades básicas de una economía con energía como fuerza impulsora detrás de todas las actividades económicas, y como un sistema de flujos energéticos, es decir, una sucesión de transformaciones de energía, que culminan en la producción de bienes y servicios. La concepción de este enfoque altera tanto la comprensión de la mano de obra y el capital, como la de las fuentes de crecimiento económico. También resulta indispensable analizar la influencia de la naturaleza de las fuentes primarias energéticas orgánicas e inorgánicas sobre la dinámica de la economía. Por último, tiene como objetivo, en su segunda parte, mostrar sintéticamente las perspectivas de la literatura sobre la economía de la energía renovable.

lunes, 17 de enero de 2011

Hola a todos. Hoy leí una nota del diario La Nación, a partir de un estudio de la Consultora Ferreres. A diciembre de 2010, un billete de cien pesos ($100) tiene el poder adquisitivo de treinta y seis pesos ($36) a diciembre de 2003. En otras palabras, como lo dice el título de la nota, cien pesos de hoy valen $36 de 2003.

Con respecto a diciembre de 2009, el valor es de 79.10

¿Se viene el billete de doscientos?...

domingo, 29 de agosto de 2010

Energía solar


Extracto de la serie española de TV "Energías renovables", del capítulo 1 "Energía solar"

miércoles, 18 de agosto de 2010

Si ella lo puede, ¿por qué vos no?



viernes, 30 de julio de 2010

Los siete pecados sociales

1-Política sin principios

2-Comercio sin moral

3-Riqueza sin trabajo

4-Educación sin carácter

5-Ciencia sin humanidad

6-Goce sin conciencia

7-Culto sin sacrificio


Mahatma Gandhi

miércoles, 2 de junio de 2010

Política Fiscal Keynesiana


La posición de Keynes en relación con el papel que debía jugar la política fiscal debe matizarse en el sentido de que su supuesta defensa a ultranza de la intervención pública sólo se justificaba en situaciones de desequilibrio.
Por lo que, de manera resumida y con la mayor simpleza y claridad posible, los fundamentos básicos de la política fiscal keynesiana son:
a) La negación de la norma clásica del equilibrio presupuestario
b) La reducción de la brecha entre el Producto Bruto Interno real y el potencial
c) El papel del sector público centrado en "cebar la bomba" del gasto privado (consumo e inversión); es decir, estabilizar la economía, pero no de una forma provisional ni transitoria, sino permanentementen.
d) La eliminación de los problemas derivados de la existencia de un sistema tributario flexible (estabilizadores automáticos), que en las fases de crecimiento elevado recauda más disminuyendo automáticamente las rentas del sector privado, mediante el establecimiento de mecanismos de devolución al sector privado de este exceso de recaudación cuando la economía se encuentre alejada de su nivel de pleno empleo..

A corto plazo: a) en situación de depresión y con desempleo elevado, debe haber política fiscal expansiva a través de aumentos del gasto real del Estado en bienes y servicios; aumento de las transferencias; reducción de los impuestos; o una combinación de los tres medios anteriores.
b) en situación inflacionista debida a un exceso de demanda agregada, debe haber política fiscal contractiva, mediante la utilización simétrica respecto a lo anterior.

A largo plazo: una vez logrado el pleno empleo, es necesario alcanzar una tasa de crecimiento que sea consistente con la tasa más baja de desempleo posible y la mayor estabilidad de precios.

jueves, 1 de abril de 2010

La energía y la teoría mainstream del crecimiento económico




Resulta fundamental en el siglo XXI establecer las diferencias entre el enfoque neoclásico y la economía como un sistema de energía, puesto que esta última incluye no solo actividades corrientes de producción, sino también la utilización de la energía, dirigiendo la atención hacia los recursos naturales, las acciones de conversión y reconversión de energía y, finalmente, a actividades que utilizan a la misma para producir bienes y servicios. En esta economía, el capital y la mano de obra realizan funciones de apoyo, conversión, dirección y amplificación de la energía para producir bienes y servicios.
Hasta el siglo XVIII, todas las economías derivaban su energía principalmente de fuentes orgánicas. En los dos últimos siglos, hemos visto una transición de las fuentes orgánicas a las inorgánicas, principalmente a los combustibles fósiles.
Los economistas neoclásicos excluyen la energía de la economía, lo que divorcia a esta última respecto a la ecología o a las fuentes de energía. Esto se recoge en el concepto de función de producción, una aplicación matemática de factores - que incluyen únicamente el capital y la mano de obra - que depende de la tecnología. Como resultado, la contabilidad de los economistas neoclásicos de crecimiento se presenta en términos de crecimiento de capital, mano de obra y tecnología. La energía no desempeña ningún papel en las historias que narran sobre el crecimiento y las fuentes de crecimiento.
Además, la ausencia de energía en el marco neoclásico hace difícil definir el trabajo y el capital. Estos dos factores, con una visión de la economía como sistema energético, extraen la energía de fuentes naturales, convirtiendo y reconvirtiendo para su uso en actividades económicas y, a continuación, dirigiendo esos flujos de energía utilizables para la producción y el consumo de bienes y servicios.
La carencia de la energía en la función de producción neoclásica distorsiona el análisis estándar de crecimiento y de las fuentes de crecimiento. El economista neoclásico no reconoce que en muchos casos, el crecimiento significa, simplemente, una aceleración de las actividades; si estas actividades utilizan máquinas, equivale a una aceleración de las máquinas. Esto establece una relación directa entre la energía y el crecimiento: ya que la velocidad depende a menudo del uso de la energía. Lo que esto significa es que el crecimiento en el suministro de energía es una fuente indispensable de crecimiento económico. Asimismo como consecuencia directa del fracaso de reconocer los vínculos entre la energía y crecimiento, no se indaga la relación dinámica entre el mayor consumo de energía y los cambios técnicos que están dirigidos a aprovechar el creciente suministro de energía. Por ejemplo, la introducción de nuevos conversores o transformadores de energía - tales como los molinos de agua, de viento, o la máquina de vapor - generó un fuerte impulso para la invención de dispositivos que exploten la creciente oferta más barata de energía- sustituyendo energía inorgánica por tierra y mano de obra. El marco de la producción neoclásica no ha alentado la exploración de estas relaciones.
El análisis estándar de las fuentes de crecimiento es problemático porque supone que el trabajo es homogéneo. El trabajo cumple una doble función: el suministro de energía y el control del flujo de energía. Dado que la proporción en que el trabajador promedio combina estas funciones cambia con el crecimiento económico, no se puede que el trabajo es un factor homogéneo en el contexto de crecimiento. Esto pone en tela de juicio el análisis de las fuentes de crecimiento.

sábado, 16 de enero de 2010

"Exportaciones, base para la expansión del sector forestal a largo plazo"

Les dejo el enlace de la nota periodística del diario Misiones Online acerca de las principales conclusiones del trabajo presentado el octubre pasado en el Congreso Forestal Mundial, organizado por la FAO.
Hacer click aquí

jueves, 10 de diciembre de 2009

Interpretación de la matriz insumo-producto del sector foresto industrial de Misiones


Les dejo el enlace de un artículo mío en colaboración con la Mgter. Marina Arjol publicado en la revista científica (BOLETÍN MATEMÁTICO Nº 18) de la Universidad de Morón. Clickaqui.

El tema se titula: Interpretación de la matriz insumo-producto del sector foresto industrial de Misiones

domingo, 25 de octubre de 2009

El sector forestal y la importancia para Misiones


Días pasados expuse en el XIII Congreso Forestal Mundial el trabajo titulado: “Competitividad de los factores macroeconómicos en el sector foresto industrial de la provincia de Misiones”. Trataré de resumir los principales aspectos.
La ventaja competitiva natural del sector forestal de Misiones es reconocida internacionalmente, y ha generado creciente inversiones en los últimos años. En la República Argentina más del 90% de la producción industrial provienen de bosques cultivados y plantados bajo regímenes de promoción, y son recursos renovables que están sujetos a normas ambientales.
La salida de la convertibilidad produjo una devaluación y aumento del tipo de cambio generando una mayor competitividad del sector, ligado a las exportaciones y sustitución de importaciones, con un aumento de las exportaciones y la reactivación del mercado interno
El sector forestal de la Provincia de Misiones, genera en sus actividades directas aproximadamente un 20% de la riqueza provincial y un empleo directo e indirecto estimado para el año 2003 de 69.649 personas. Sus principales actividades directas comprenden la producción madera aserrada, pasta y papel, láminas y terciados y la silvicultura. El desempeño de este sector productivo ha demostrado logros muy significativos en ampliar su capacidad de oferta a los mercados externos; en menos de una década multiplicó por 157 % el valor anual de sus exportaciones, representando el 62,7% de las exportaciones totales.
En la Provincia de Misiones el impacto del crecimiento de valor agregado del sector forestal fue siete veces mayor que el crecimiento de las actividades económicas, en el período 2002-2005. El valor agregado de las actividades directas del sector forestal- VASF (aserraderos, pasta y papel, láminas y terciados y la silvicultura), creció en términos reales un 41.23%, Siendo el crecimiento de la economía de Misiones solo un 5,42%. Esto indica que el motor del crecimiento de la economía misionera, en dicho período es el sector forestal.
La fabricación de Pasta y Papel se incrementó, en el período 2002-2005, un 36.86%. En el mismo período, la actividad de los Aserraderos mostró un aumento del 39.65%, la Silvicultura un 55.88%, y, por último, la actividad de Laminados y Terciados, un 55.72%.
El VASF tiene un peso relativo diferencial: la silvicultura (sector primario) representa el 21% y el sector de industrias manufactureras el 79%, sumatoria correspondiente a aserraderos 33,7%, pasta y papel 42,7% y laminados 2,6%; indicando el peso económico de las actividades industriales en el contexto del sector en estudio.
La silvicultura representa el 46.93% respecto al total del sector primario el año 2005, desplazando a la agricultura que siempre presentó una supremacía respecto a las demás actividades.
En el valor agregado del sector de las manufacturas (aserraderos, fabricación pasta y papel, laminados y terciados) representa un 60,6% del PBG Industrial, lo que valida el peso económico del sector foresto industrial en la creación de riqueza en la industria local.
Los aserraderos (incorporado muebles) tienen una participación estimada en el PBG Industrial del año 2005 del 25,8%, la pasta y el papel un 32,8% y laminado un 2%. La actividad de la pasta y papel registró entre los años 1999 y 2005, un incremento notable, desplazando a la actividad de los aserraderos del primer lugar que habían tenido en buena parte de la década de los 90.
La participación relativa de la actividad de Pasta y Papel se incrementó de un 19.1% del año 1999 a un 32.8% del año 2005 y la participación de los aserraderos mantuvo la tendencia de un 25,5%.
Los impactos sobre el empleo directo del sector forestal de Misiones, según los resultados de la Matriz Insumo Producto del Bosque Forestal Implantado de Misiones, del año 2003, generan un multiplicador diferencial sobre los empleos directos por actividad, es decir, amplían su capacidad y generación de empleo indirecto. La actividad de celulosa y papel, genera un multiplicador 13.08, el mayor frente a la resto de las actividades forestales: 3.25 de madera aserrada, 2,58 de laminados y tableros, y 1,08 de muebles y partes.
Si bien la actividad forestal primaria representa el 72,7% del empleo directo total del sector, el empleo indirecto es indeterminado.
En la actividad de la industria de la madera, los aserraderos involucran al 70,32% de la fuerza laboral directa, generando actividades indirectas e involucrando a más de la mitad (58%) de la fuerza laboral indirecta de la industria.
La actividad de celulosa y papel, es la de mayor capacidad de generar empleos indirectos, representa solo el 8% del empleo directo de la industria con actividades indirectas, que emplean a más de un tercio (37%)
El comportamiento frente a la generación de empleo de la fabricación de muebles es diferente, su fuerza laboral está en el empleo directo, por las características del negocio de micro pequeñas empresas familiares, y con poca capacidad de producción y oferta para expandir otras actividades, entre otras causas.
El empleo directo estimado para el año 2007 es de 63.367 personas, o sea un crecimiento del 58,9%, entre los años 2003 y 2007. De manera desagregada, se proyectó un crecimiento mayor del empleo de los aserraderos (76,2%), y de la fabricación de muebles (78%), frente a la actividad forestal primaria (55,1%), pasta y papel (21,6%) y de laminados (36,1%); manteniendo la supremacía de la fuerza laboral directa en la actividad primaria forestal, y en las actividades industriales los aserraderos.
La capacidad productiva de madera proveniente de bosques implantados en Misiones, representa el 86,28% de la producción total de madera.
Al analizar las extracciones de rollizos de madera de bosques implantados, y ponderar como consumo industrial, se revela que Misiones provee al mercado el 61,36% de rollizos para la industria del aserrado y celulosa con el 85% de pino, 100% de araucaria y paraíso, 6% de eucalipto, y 5% resto de kiri, grevillea y otros. Lo que resalta la importancia de los recursos forestales de Misiones.
El complejo exportador de origen forestal en Argentina, en base al INDEC, constituido por productos del complejo celulósico papelero, maderero y otras exportaciones forestales, significó un aporte de divisas en el año 2007, del orden de los 971,9 millones de dólares. El complejo forestal representa el 2% de los complejos productivos de la Argentina. En cuanto a las compras al extranjero de productos forestales el valor asciende para el mismo año, a 1.366,1millones de dólares (Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable, 2006). Por lo que el saldo comercial es negativo, en 400 millones de dólares, por cada dólar que ingresan al país en concepto de exportaciones de productos forestales se pagan 1,40 dólares en compras del extranjero productos forestales.
Un dato significativo es que la provincia de Misiones contribuye con el 28,32% en las exportaciones totales del complejo de origen forestal de Argentina, y en las exportaciones del complejo celulósico-papelero Misiones participa con el 24,28%, y en el complejo maderero con el 47,42%. Lo que revela la importancia de la actividad exportadora forestal de la provincia en el contexto nacional.
Las exportaciones de productos forestales en Misiones (maderas y sus manufacturas, productos celulósicos papeleros y los muebles), constituyen el 62,70% del total exportaciones provinciales, generando ventas al exterior en el orden de los 274 millones de dólares.
Su expansión se refleja en el comportamiento que tuvo en la década pasada, incrementándose la participación del 48% respecto al 62,7% de la actualidad.
El grado de dependencia de las exportaciones totales de la provincia de Misiones con respecto a las exportaciones de productos forestales es altamente significativo. No solo en función de su peso específico sino también en el alto grado de dependencia lineal positiva de los valores de exportaciones totales y forestales para el período 1998-2007, que medido en función de la correlación de dichos valores por el coeficiente de se denota una relación directamente proporcional del 98,77%.
Los indicadores económicos reflejan que el sector forestal de Misiones constituye una actividad importante en la economía local, impactando directa e indirectamente sobre otros sectores de la economía provincial, como la construcción y los servicios de transporte, comercio, metalúrgica, entre otros.
Misiones provee el 61% de materia prima de bosques implantados, que se consume en la industria en el país, y genera en ventas de Argentina al mercado externo, el 47% de productos de la industria de aserrado y remanufacturas y 24% de celulosa y papel, indicando importancia de la actividad forestal de la provincia en el contexto nacional.
El entorno externo es decisivo en una actividad como la forestal estrechamente ligada al comercio exterior, dado que dos tercios de las exportaciones totales de Misiones provienen del sector forestal. Por ello las incertidumbres económicas que se planteen repercuten en la economía del sector y de Misiones.
La devaluación de la moneda, el incremento de precios internacionales y un mercado en expansión como el de Estados Unidos al inicio del 2002 inyectaron rentas adicionales, con expansión de la producción. La caída de la demanda internacional de las exportaciones misioneras de manufacturas forestales se agravó, consecuencia de la crisis subprime de los EEUU, a partir del año 2005, provocando una contracción de las cantidades exportadas y las rentas internacionales. Esta crisis del sector es la antesala de la crisis financiera mundial, a partir de septiembre de 2008, que restringe el crédito y genera una mayor reducción de los ingresos por ventas externas ante el menor nivel de actividad mundial.
El dinamismo de la actividad forestal de Misiones muestra signos decrecientes en la desaceleración del valor agregado de las actividades forestales directas y en el decrecimiento real de las exportaciones. Si bien los ingresos al sector forestal de Misiones han aumentado, los agentes económicos del sector pierden competitividad, por la apreciación del tipo de cambio real y la aceleración de los costos internos e importados, además de la retracción de la demanda internacional.
Es previsible que la producción exportable en el año 2009 disminuya, y dicha producción compita en el mercado interno, actuando sobre las ventas domésticas totales de los agentes que comercian en el mercado interno.
El tipo de cambio no es el factor decisivo en la competitividad, porque si bien en un momento es una oportunidad, puede transformarse en una amenaza, para construir y generar ventajas competitivas genuinas y durables. Las ganancias vinculadas a la productividad e innovación tecnológica, son ventajas que perduran y pueden retroalimentarse por el proceso de aprendizaje adquirido.
La foresto industria de Misiones es un sector con recursos para captar rentas internacionales, y frente al limitado tamaño del mercado interno, el desarrollo del sector debería inevitablemente orientarse hacia al mercado externo para su expansión a largo plazo.

martes, 12 de mayo de 2009

La economía que viene después de las elecciones




El diario la Nación consultó a prestigiosos economistas sobre el rumbo de la economía argentina en los próximos meses.
Precisamente les hice un resumen de lo manifestado por cada economista consultado.


Mario Brodersohn (CONSULTORA ECONOMÉTRICA): para el segundo trimestre del 2009, la actividad económica se reduciría un 1.3%, la inflación un 12% anual, desempleo 7.9% y dólar $3.90. Para fines de 2009, la actividad cae 3.7%, la inflación anual 13%, el desempleo 8.1% y el dólar no menor a $4.2


Daniel Artana: (CONSULTORA FIEL): Para fines de Junio, la actividad caería un 4%, el desempleo 11.5%, el dólar a $4.30 y la inflación un 16% (diciembre 09-diciembre 08)


Miguel Kiguel (ECONVIEWS): Fines de Junio: Actividad: –2.7% (año contra año); Inflación: 17.5%, Desempleo: 9.1%; Dólar: $3.82


Luis Eduardo Curia: Para fines de 2009 la inflación un 12% / 13% anual, desempleo 8.5% y el dólar $3.65/$3.85


Miguel Bein (Estudio Bein y Asociados): Fines de 2009: Actividad: +1.5%; Inflación: 12% y 14%; Desempleo: 8.5%; Dólar: $4.18


Rodrigo Pena (director de LCG): Actividad: –3%; Inflación: 12% (2009-2008); Desempleo: 9.5% para el segundo trimestre 2009 y 11% para fines de año; Dólar: $4.4 a fin de año.


Daniel Marx (AGM): Fines de 2009. Actividad: 0% de crecimiento; Inflación: 13% anual; Desempleo: 8.4%; Dólar: $3.8


Claudio Lozano: (CTA) Fines de 2009. Actividad: –1%; Inflación: 15% anual; Desempleo: 10% anual; Dólar: $4.20

viernes, 10 de abril de 2009

jueves, 9 de abril de 2009

¿Sabías que existen diferentes términos con diferentes significados, cuando hablamos de incremento generalizado de precios?

Hola, a continuación explicaré todos los conceptos relacionados con la temática inflación.

Estabilidad de Precios: Permanencia en el tiempo del nivel general de precios de una economía.

Inflación galopante: Se trata de procesos inflacionarios importantes, con tasas de dos o tres dígitos.

Inflación reptante: Alzas moderadas en los niveles de precios que, generalmente, no sobrepasan un porcentaje de un dígito.

Inflación subyacente: Es la que viene reflejada por la evolución del IPC, cuando a su nivel general se descuenta la incidencia de la energía y los alimentos sin elaborar.

Inflación larvada: es la que se produce cuando, sin cambiar los precios unitarios, se rebajan los pesos o las calidades de los productos.

Inflación reprimida: La inflación está frenada artificialmente por controles de precios.

Inflación de demanda: Inflación imputable principalmente al aumento de las intenciones de consumo.

Desinflación: es la desaceleración en el ritmo de crecimiento de los precios.

Deflación: Se manifiesta en la caída del nivel general de precios.

Hiperinflación: Es la alza de precios de la más alta intensidad, incluso por encima de los tres dígitos (más del 1000% anual), cuando otra moneda, o toda una serie de bienes, acaban por sustituir al dinero oficial como patrón de intercambio.

sábado, 14 de marzo de 2009

¿Por qué el socialismo?


¿Por qué el socialismo?
por Albert Einstein
(Artículo publicado originalmente en Monthly Review, New York, mayo 1949.)

¿Debe quien no es un experto en cuestiones económicas y sociales opinar sobre el socialismo? Por una serie de razones creo que sí.Permítasenos primero considerar la cuestión desde el punto de vista del conocimiento científico. Puede parecer que no haya diferencias metodológicas esenciales entre la astronomía y la economía: los científicos en ambos campos procuran descubrir leyes de aceptabilidad general para un grupo circunscrito de fenómenos para hacer la interconexión de estos fenómenos tan claramente comprensible como sea posible. Pero en realidad estas diferencias metodológicas existen. El descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía es difícil porque la observación de fenómenos económicos es afectada a menudo por muchos factores que son difícilmente evaluables por separado. Además, la experiencia que se ha acumulado desde el principio del llamado período civilizado de la historia humana —como es bien sabido— ha sido influida y limitada en gran parte por causas que no son de ninguna manera exclusivamente económicas en su origen. Por ejemplo, la mayoría de los grandes estados de la historia debieron su existencia a la conquista. Los pueblos conquistadores se establecieron, legal y económicamente, como la clase privilegiada del país conquistado. Se aseguraron para sí mismos el monopolio de la propiedad de la tierra y designaron un sacerdocio de entre sus propias filas. Los sacerdotes, con el control de la educación, hicieron de la división de la sociedad en clases una institución permanente y crearon un sistema de valores por el cual la gente estaba a partir de entonces, en gran medida de forma inconsciente, dirigida en su comportamiento social.Pero la tradición histórica es, como se dice, de ayer; en ninguna parte hemos superado realmente lo que Thorstein Veblen llamó «la fase depredadora» del desarrollo humano. Los hechos económicos observables pertenecen a esa fase e incluso las leyes que podemos derivar de ellos no son aplicables a otras fases. Puesto que el verdadero propósito del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la fase depredadora del desarrollo humano, la ciencia económica en su estado actual puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro.En segundo lugar, el socialismo está guiado hacia un fin ético-social. La ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso menos, inculcarlos en los seres humanos; la ciencia puede proveer los medios con los que lograr ciertos fines. Pero los fines por sí mismos son concebidos por personas con altos ideales éticos y —si estos fines no son endebles, sino vitales y vigorosos— son adoptados y llevados adelante por muchos seres humanos quienes, de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de la sociedad.Por estas razones, no debemos sobrestimar la ciencia y los métodos científicos cuando se trata de problemas humanos; y no debemos asumir que los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse en las cuestiones que afectan a la organización de la sociedad. Muchas voces han afirmado desde hace tiempo que la sociedad humana está pasando por una crisis, que su estabilidad ha sido gravemente dañada. Es característico de tal situación que los individuos se sienten indiferentes o incluso hostiles hacia el grupo, pequeño o grande, al que pertenecen. Como ilustración, déjenme recordar aquí una experiencia personal. Discutí recientemente con un hombre inteligente y bien dispuesto la amenaza de otra guerra, que en mi opinión pondría en peligro seriamente la existencia de la humanidad, y subrayé que solamente una organización supranacional ofrecería protección frente a ese peligro. Frente a eso mi visitante, muy calmado y tranquilo, me dijo: «¿Por qué se opone usted tan profundamente a la desaparición de la raza humana?»Estoy seguro de que hace tan solo un siglo nadie habría hecho tan ligeramente una declaración de esta clase. Es la declaración de un hombre que se ha esforzado inútilmente en lograr un equilibrio interior y que tiene más o menos perdida la esperanza de conseguirlo. Es la expresión de la soledad dolorosa y del aislamiento que mucha gente está sufriendo en la actualidad. ¿Cuál es la causa? ¿Hay una salida?Es fácil plantear estas preguntas, pero difícil contestarlas con seguridad. Debo intentarlo, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos son a menudo contradictorios y obscuros y que no pueden expresarse en fórmulas fáciles y simples.El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y la de los que estén más cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar sus capacidades naturales. Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida. Solamente la existencia de estos diferentes y frecuentemente contradictorios objetivos por el carácter especial del hombre, y su combinación específica determina el grado con el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al bienestar de la sociedad. Es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones esté, en lo fundamental, fijada hereditariamente. Pero la personalidad que finalmente emerge está determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad, y por su valoración de los tipos particulares de comportamiento. El concepto abstracto «sociedad» significa para el ser humano individual la suma total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con todas las personas de generaciones anteriores. El individuo puede pensar, sentirse, esforzarse, y trabajar por sí mismo; pero él depende tanto de la sociedad —en su existencia física, intelectual, y emocional— que es imposible concebirlo, o entenderlo, fuera del marco de la sociedad. Es la «sociedad» la que provee al hombre de alimento, hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y la mayoría del contenido de su pensamiento; su vida es posible por el trabajo y las realizaciones de los muchos millones en el pasado y en el presente que se ocultan detrás de la pequeña palabra «sociedad».Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de la sociedad es un hecho que no puede ser suprimido —exactamente como en el caso de las hormigas y de las abejas. Sin embargo, mientras que la vida de las hormigas y de las abejas está fijada con rigidez en el más pequeño detalle, los instintos hereditarios, el patrón social y las correlaciones de los seres humanos son muy susceptibles de cambio. La memoria, la capacidad de hacer combinaciones, el regalo de la comunicación oral han hecho posible progresos entre los seres humanos que son dictados por necesidades biológicas. Tales progresos se manifiestan en tradiciones, instituciones, y organizaciones; en la literatura; en las realizaciones científicas e ingenieriles; en las obras de arte. Esto explica que, en cierto sentido, el hombre puede influir en su vida y que puede jugar un papel en este proceso el pensamiento consciente y los deseos.El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria, una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable, incluyendo los impulsos naturales que son característicos de la especie humana. Además, durante su vida, adquiere una constitución cultural que adopta de la sociedad con la comunicación y a través de muchas otras clases de influencia. Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, puede cambiar y la que determina en un grado muy importante la relación entre el individuo y la sociedad como la antropología moderna nos ha enseñado, con la investigación comparativa de las llamadas culturas primitivas, que el comportamiento social de seres humanos puede diferenciar grandemente, dependiendo de patrones culturales que prevalecen y de los tipos de organización que predominan en la sociedad. Es en esto en lo que los que se están esforzando en mejorar la suerte del hombre pueden basar sus esperanzas: los seres humanos no están condenados, por su constitución biológica, a aniquilarse o a estar a la merced de un destino cruel, infligido por ellos mismos.Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad y de la actitud cultural del hombre deben ser cambiadas para hacer la vida humana tan satisfactoria como sea posible, debemos ser constantemente conscientes del hecho de que hay ciertas condiciones que no podemos modificar. Como mencioné antes, la naturaleza biológica del hombre es, para todos los efectos prácticos, inmodificable. Además, los progresos tecnológicos y demográficos de los últimos siglos han creado condiciones que están aquí para quedarse. En poblaciones relativamente densas asentadas con bienes que son imprescindibles para su existencia continuada, una división del trabajo extrema y un aparato altamente productivo son absolutamente necesarios. Los tiempos —que, mirando hacia atrás, parecen tan idílicos— en los que individuos o grupos relativamente pequeños podían ser totalmente autosuficientes se han ido para siempre. Es solo una leve exageración decir que la humanidad ahora constituye incluso una comunidad planetaria de producción y consumo.Ahora he alcanzado el punto donde puedo indicar brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Se refiere a la relación del individuo con la sociedad. El individuo es más consciente que nunca de su dependencia de sociedad. Pero él no ve la dependencia como un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino como algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia económica. Por otra parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente. Todos los seres humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Los presos a sabiendas de su propio egoísmo, se sienten inseguros, solos, y privados del disfrute ingenuo, simple, y sencillo de la vida. El hombre sólo puede encontrar sentido a su vida, corta y arriesgada como es, dedicándose a la sociedad.La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante nosotros a una comunidad enorme de productores que se están esforzando incesantemente privándose de los frutos de su trabajo colectivo —no por la fuerza, sino en general en conformidad fiel con reglas legalmente establecidas. A este respecto, es importante señalar que los medios de producción —es decir, la capacidad productiva entera que es necesaria para producir bienes de consumo tanto como capital adicional— puede legalmente ser, y en su mayor parte es, propiedad privada de particulares.En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue llamaré «trabajadores» a todos los que no compartan la propiedad de los medios de producción — aunque esto no corresponda al uso habitual del término. Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real. En cuanto que el contrato de trabajo es «libre», lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar. Es importante entender que incluso en teoría el salario del trabajador no está determinado por el valor de su producto.El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población. Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directa o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos.La situación que prevalece en una economía basada en la propiedad privada del capital está así caracterizada en lo principal: primero, los medios de la producción (capital) son poseídos de forma privada y los propietarios disponen de ellos como lo consideran oportuno; en segundo lugar, el contrato de trabajo es libre. Por supuesto, no existe una sociedad capitalista pura en este sentido. En particular, debe notarse que los trabajadores, a través de luchas políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar una forma algo mejorada de «contrato de trabajo libre» para ciertas categorías de trabajadores. Pero tomada en su conjunto, la economía actual no se diferencia mucho de capitalismo «puro». La producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso. No está garantizado que todos los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre un «ejército de parados». El trabajador está constantemente atemorizado con perder su trabajo. Desde que parados y trabajadores mal pagados no proporcionan un mercado rentable, la producción de los bienes de consumo está restringida, y la consecuencia es una gran privación. El progreso tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la acumulación y en la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez más severas. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme de trabajo, y a esa amputación de la conciencia social de los individuos que mencioné antes.Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para adorar el éxito codicioso como preparación para su carrera futura.Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males: el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales. En una economía así, los medios de producción son poseídos por la sociedad y utilizados de una forma planificada. Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer, y niño. La educación del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para sus compañeros-hombres en lugar de la glorificación del poder y del éxito que se da en nuestra sociedad actual.Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?

viernes, 30 de enero de 2009


Elecciones en EEUU y la Crisis Mundial *


A nadie se le escapa que, debido a la posición mundial ocupada por Estados Unidos, prácticamente cualquier cambio en sus políticas, ya sean externas o internas, tendrá siempre un considerable impacto en el resto del planeta. Pero el hecho de que el candidato ganador haya enarbolado como emblema de campaña su voluntad de “cambio” no debería suscitar, con todo, una atención desmesurada en la actual encrucijada. En rigor, el centro del escenario no está actualmente ocupado por la cuestión de la igualdad racial ni tampoco por otros temas tan sensibles como el retiro de las tropas de Irak o la reforma del sistema de salud. Como por sorpresa, la crisis financiera que estalló súbitamente en el último tramo de la carrera electoral se transformó rápidamente en uno de los factores fundamentales tanto para comprender su resultado como para articular cualquier reflexión acerca del futuro gobierno de Obama. De hecho, millones de estadounidenses confesaron haber cambiado su voto por el temor a perder sus empleos.
A contramano de lo que anticipaba un año atrás la mayor parte de las encuestas y de los pronósticos, el 4 de noviembre de 2008 Barack Obama arrasó en las elecciones presidenciales norteamericanas.
Con más de 66 millones de votos -un 53% del total- se aseguró más del doble de electores que los obtenidos por el candidato republicano, el veterano de Vietnam John McCain. De este modo, la llamada “era Bush” parece haber llegado a su fin, y de la peor manera: con una estrepitosa derrota electoral. Al día siguiente del triunfo, la primera plana del New York Times se refería a la victoria como el derrumbe de “la barrera racial”, haciéndose eco de las polémicas acerca de los aspectos políticos y culturales asociados con el color de piel del hasta entonces senador por Illinois. Sin embargo, en la actual coyuntura, lo que parece estar en juego es una transformación de mayor trascendencia y envergadura que la superación de un arraigado prejuicio racial.
A nadie se le escapa que, debido a la posición mundial ocupada por Estados Unidos, prácticamente cualquier cambio en sus políticas, ya sean externas o internas, tendrá siempre un considerable impacto en el resto del planeta.
Pero el hecho de que el candidato ganador haya enarbolado como emblema de campaña su voluntad de “cambio” no debería suscitar, con todo, una atención desmesurada rigor, el centro del escenario no está actualmente ocupado por la cuestión de la igualdad racial ni tampoco por otros temas tan sensibles como el retiro de las tropas de Irak o la reforma del sistema de salud. Como por sorpresa, la crisis financiera que estalló súbitamente en el último tramo de la carrera electoral se transformó rápidamente en uno de los factores fundamentales tanto para comprender su resultado como para articular cualquier reflexión acerca del futuro gobierno de Obama. De hecho, millones de estadounidenses confesaron haber cambiado su voto por el temor a perder sus empleos.
De manera que el “gran problema” es hoy la crisis y, por tanto, las medidas que tomará el gobierno entrante para hacerle frente.
Obama debe su triunfo, al menos en parte, a la crisis económica en curso, que con su virulencia terminó de hundir al partido Republicano.
¿Qué puede esperarse de su gobierno? ¿Viene Obama, como algunos creen, a instrumentar un
“nuevo” New Deal? La respuesta no ha tardado en llegar. A diez días de haberse convertido en el futuro presidente de la principal potencia mundial, Obama intimó públicamente al Congreso a tomar medidas urgentemente. En realidad, el Parlamento ya había empezado a actuar, cuando el 3 de octubre cedió ante el chantaje de Bush y aprobó -aunque con modificaciones- un plan de salvataje sin precedentes en la historia en la actual encrucijada. En (700 mil millones de dólares).
Conviene recordar las palabras de advertencia del presidente Bush:
Soy un convencido creyente en la libre empresa, de manera que mi instinto natural es oponerme a la intervención del Estado. Pero estas no son circunstancias normales. El mercado no está funcionando adecuadamente.
Hay una difundida pérdida de confianza. Sin una acción inmediata del Congreso, Estados
Unidos puede resbalar en el pánico. Si el Congreso no lo aprueba, la Nación puede enfrentar una larga y penosa recesión. Obama, en un discurso difundido el 15 de noviembre insinuó algunas medidas que, cuando se las compara con las de Bush, no parecen contar con la misma fuente de inspiración ni tampoco tener idéntica orientación: Pido al Congreso que apruebe un pago por adelantado para un plan de rescate que cree empleos, alivie el sufrimiento de las familias y ayude a poner a la economía nuevamente encrecimiento […]. Si el Congreso no aprueba de inmediato un plan que proporcione a la economía el impulso que necesita, lo convertiré en mi primera medida como presidente.[…] Esto comienza con el tipo de inversiones de largo plazo que hemos abandonado por demasiado tiempo.

Significa poner a trabajar a dos millones de norteamericanos en la reconstrucción de nuestros caminos, puentes y escuelas desmoronados. Significa invertir 150 mil millones de dólares en construir una economía americana de energía verde que creará cinco millones de nuevos puestos de trabajo, liberando a nuestra nación de la tiranía del petróleo extranjero, y salvando el planeta para nuestros hijos. Significa hacer accesible la salud para todos, y reducir el costo para las pequeñas empresas. […] Si esta crisis financiera nos enseñó algo es que no podemos tener una próspera Wall Street mientras Main Street está sufriendo [la expresión refiere a una calle comercial de cualquier pueblo]. Ciertamente, debido a la dinámica política característica de los Estados Unidos, la pertenencia al Partido Demócrata o al Partido Republicano no proporciona garantía alguna acerca del posicionamiento preciso de sus miembros.
Las campañas electorales, por su parte, al estar gobernadas por la insípida y especulativa circunspección recomendada por los expertos en mercadeo del voto, tampoco anticipan demasiado lo que va a ocurrir. Acaso por eso las opiniones acerca de la verdadera orientación política de Obama -quien, según el polémico Noam Chomsky, no es más que “un blanco que tomó dos horas de sol”- difieren diametralmente. En otras palabras, no es cierto que el partido Republicano sea definidamente reaccionario y el partido Demócrata claramente progresista. Menos aun cabe una distinción entre derecha e izquierda. Para sumar elementos de ambigüedad, Obama informó sobre quiénes serían los integrantes de su grupo de asesores en economía, entre
ellos, algunos poderosos empresarios como los presidentes de Google y Time Warner-, más un as de las finanzas -como el multi- millonario Warren Buffet-, el secretario del tesoro de Clinton y hasta el presidente de la reserva federal de los tiempos de Clinton (y ¡de Reagan!), Paul Volker. De manera que tanto el vertiginoso desenvolvimiento de la crisis como la mesura de las palabras de Obama aconsejan avanzar con prudencia en el terreno de los pronósticos ya que no puede aún anticiparse el alcance que tendrá la crisis y tampoco se conocen los pasos que tomará el gobierno.
Así y todo, es imposible pasar por alto el llamativo giro en el discurso referido a las causas que provocaron la crisis y sus presuntos remedios. Mientras las palabras -y las acciones- de George Bush destilaron siempre una confesa fe en los mercados, de las medidas propuestas por Obama emana un inocultable aroma keynesiano.
Si así fuera, ante la emergencia de esta nueva crisis se estaría reeditando el enfrentamiento entre las perspectivas “(neo) liberales” y “(neo) keynesianas”, un choque de posiciones contrapuestas que explica en buena medida los avatares de la historia del pensamiento económico “oficial” desde la segunda posguerra.
Lo primero que debe advertirse es que aunque opuestos, ninguno de estos dos puntos de vista que conviven dentro del mainstream proporciona una explicación profunda acerca de la
naturaleza de las crisis. Para empezar, ambas confían en que, de aplicarse las medidas adecuadas, las crisis económicas pueden evitarse por completo, es decir, que no son inherentes al proceso mismo de acumulación de capital.
De ahí que resulten insuficientes para desentrañar las causas últimas de la crisis actual. Sin embargo, al conocer estas vertientes se entiende mejor el debate norteamericano sobre los instrumentos económicos del gobierno. En lo que sigue de esta sucinta nota intentaremos establecer los elementos que, a grandes rasgos, las separan. La crisis y las explicaciones
ortodoxas En octubre de 2007, luego de un ciclo de alza que se extendió por un lustro, el índice Dow Jones -basado sobre el promedio de los valores de los principales papeles industriales superó el nivel récord de los 14.000 puntos. Un año después, en octubre 2008, el Dow se había desplomado hasta llegar a los 8.000 puntos, 3.000 de los cuales se perdieron en una vertiginosa caída libre que duró tan solo un mes. Es por eso que las comparaciones con el crash bursátil de 1929 no son de ningún modo exageradas: entre septiembre y noviembre de 1929, el índice industrial Times perdió un 50% de su valor, pese a los desesperados
intentos de “rescate” y a las inyecciones de optimismo por parte de las autoridades y de los grandes barones de Wall Street. Aunque el mundo haya cambiado sustantivamente en el transcurso de estos 70 años, no es raro entonces que ante un colapso de similares proporciones los debates que se originaron durante y después de la Gran Depresión tiendan a repetirse.
Del mismo modo, se repiten los deslices de los economistas ortodoxos que hoy, como entonces,
sumidos en la más completa desorientación, oscilaban entre la redonda negación de la crisis y el anuncio de la definitiva debacle del capitalismo.
En los treinta, el prestigioso economista Irving Fisher, por caso, ingresó a la historia no sólo por
sus aportes a la teoría neoclásica de los precios, sino también por haber declarado poco después
del Jueves Negro de 1929 que “dentro de unos meses espero ver el mercado de valores bastante
más alto de lo que está hoy”. En el otro extremo, el 10 de octubre de 2008, el Washington Post publicó un editorial donde afirmaba que “la más grande crisis financiera desde la Gran Depresión reclama otra víctima: el capitalismo estilo americano”. Al mismo tiempo, sin pretensiones de rigor científico, los discursos políticos, a prensa y hasta el sentido común encontraban rápidamente dos posibles responsables para la actual crisis: de un lado, los financistas con su desenfrenada sed de ganancia -la codicia- y, del otro, el Estado que falló al implementar regulaciones adecuadas para impedir la debacle. Más allá de los pronósticos errados por exceso o por defecto, lo que aquí nos interesa es develar la teoría económica que está detrás de la visión ortodoxa. En las etapas de prosperidad, la palabra crisis suele ser borrada
del glosario de la teoría oficial. Las pocas veces que aparece lo hace a título ilustrativo, con el propósito de demostrar que las fallas que en el pasado produjeron esos fatídicos episodios ya han sido convenientemente solucionadas, de manera que, por definición, la crisis anterior fue siempre, en realidad, la última de las crisis. Para verificarlo no hay más que recorrer las páginas de los libros de texto con los que la ortodoxia enseña economía a lo largo y a lo ancho del planeta. Sin embargo, cuando como en el presente, el recurso de la negación ya no puede ser empleado para explicar el fenómeno, se apela a una tajante separación del proceso económico en dos esferas: la “real” -que comprende la producción, el empleo, el comercio- y la “monetaria” o “financiera” -en la que operan el dinero, las acciones, el crédito-. Como las crisis capitalistas suelen manifestarse en primer lugar y con enorme virulencia en los mercados financieros, la ortodoxia intenta primeramente circunscribir el fenómeno exclusivamente a este territorio.
Aunque la idea tiene raíces anti- guas, el autor que llevó este enfoque hasta su extremo es, sin lugar a dudas, Milton Friedman, fundador del moderno monetarismo. En un ambicioso libro escrito junto con su esposa Anna Schwartz, Historia monetaria de los Estados Unidos, 1867-1960, publicado en 1965, Friedman sostenía que la verdadera causa de la Gran Depresión debía buscarse en la defectuosa política monetaria desplegada por el Gobierno a través de la Reserva Federal. Cuando en octubre de 1929 estalló la burbuja especulativa, muchos inversores tuvieron dificultades para cubrir sus deudas bancarias, lo que produjo una ola de quiebras y el desplome del sistema.

Las cifras son apocalípticas: de los 25.000 bancos que operaban en 1929, a comienzos de 1933 habían sobrevivido sólo 12.000. La responsabilidad, para Friedman, recae pues sobre la política monetaria de la Fed, que no supo detener la fuerte contracción de la oferta monetaria y, en lugar de proveer liquidez al sistema, dejó caer a los bancos.
La Reserva Federal podría haber llegado a una solución mucho mejor comprando a gran escala en el mercado abierto títulos de deuda pública. Esta operación habría proporcionado
dinero efectivo adicional a los bancos para hacer frente a los reclamos de los depositantes. Se habría acabado así -o, al menos, habría disminuido en medida considerablela
corriente de quiebras bancarias, y se habría impedido que el intento de convertir los depósitos bancarios en dinero efectivo por parte de los depositantes redujera la cantidad de éste. Desgraciadamente, la actuación de la Reserva Federal fue dubitativa y escasa. En lo esencial no actuó y dejó que la crisis siguiera su curso (un modelo de conducta que iba a repetir una y otra vez durante los dos años siguientes). [Friedman (1997) Libertad de elegir, ed. Folio, p. 122]
Esta explicación estrictamente monetaria de la crisis sólo sería anecdótica, si no fuera que Ben Bernanke, el actual presidente de la Reserva Federal y protagonista de los acontecimientos recientes, en un discurso que pronunció en honor a Friedman en noviembre de 2002, luego de sintetizar su tesis principal acerca del origen de la crisis agregó: “permítanme
terminar mi conferencia abusando levemente de mi carácter de representante de la Reserva Federal. Quiero decirles a Milton y a Anna: en lo que respecta a la Gran Depresión, tienen razón, fue culpa nuestra. Lo lamentamos mucho. Pero gracias a ustedes, no volveremos a hacerlo”. Seguramente no sospechaba entonces que en 2008 estaría comandando junto con el Secretario del Tesoro, Henry Paulson, la implementación del paquete de rescate en medio de una feroz tormenta financiera. El problema, claro está, no es lo que Bernanke dijo en 2002, sino lo que efectivamente hizo seis años después.
La administración republicana reaccionó ante el crash inmobiliario y bursátil que afectó el patrimonio de los bancos aplicando a rajatabla la recomendación de Friedman. Se ha sostenido equivocadamente que Bush, al “nacionalizar” algunas compañías financieras quebradas, se había convertido al keynesianismo o incluso al “socialismo”. Pero lo que en realidad hizo el gobierno republicano ue razonar a la manera monetarista y aplicar, por consiguiente, un remedio monetarista.
El dinero lo es todo. La crisis se expande debido a la falta de liquidez y, por consiguiente, el antídoto consiste en inundar el mercado con efectivo líquido. Si hay más dinero, no hay más crisis.


En síntesis: como el diagnóstico monetarista es que la crisis es una consecuencia de los desarreglos monetarios, el remedio debe ser también monetario. Es por eso que toda la artillería se dirigió a salvar al sector financiero absorbiendo los activos incobrables e incrementando la liquidez del sistema. El resultado esperado de estas políticas era, además, la reducción de la tasa de interés. De hecho, la Reserva Federal redujo la tasa de préstamos bancarios hasta llegar a un ínfimo 1,5%, y lo mismo hicieron otros bancos centrales del mundo.
Estas medidas implican, induda-blemente, una muy costosa intervención por parte del Estado. Sin embargo, no toda intervención del gobierno es, por definición, keynesiana. Lo que ocurre es que la otra vertiente de la economía oficial atribuye la crisis a factores distintos y, por tanto, propone una intervención por completo diferente.
No es sencillo exponer sintéticamente los aspectos centrales de la perspectiva keynesiana debido a que, en realidad, dentro del amplio espectro de los seguidores de Keynes han proliferado innumerables escuelas, subgrupos y tendencias cuyas teorías no coinciden demasiado entre sí. Es por eso que, para pisar terreno seguro, utilizaremos algunas citas extraídas directamente de la
Teoría General.
El argumento central puede resumirse del siguiente modo: el monto de la producción y el volumen del empleo dependen de la magnitud de la demanda agregada cuyo componente más importante es la demanda de inversión.
Las decisiones de inversión, a su vez, son tomadas por los empresarios sobre la base de sus pronósticos sobre la rentabilidad esperada -a la que Keynes llamó “eficiencia marginal del capital”-. El origen de la depresión se ubica entonces en un factor no monetariomonetario: la ganancia que esperan obtener los empresarios. Aunque la tasa de interés desempeña un papel relevante, ya que “compite” con los ingresos que producen las Inversiones. Keynes afirmaba, por un lado, “soy ahora un poco escéptico respecto al éxito de una política puramente monetaria dirigida a influir sobre la tasa de interés” (p.143). Es decir que el gobierno puede no tener control sobre las tasas de los préstamos privados a largo plazo, aunque controle algunos segmentos del crédito. Pero, en segundo lugar, lo que ocasiona la crisis y la extiende en el tiempo no es la volatilidad de la tasa de interés, sino la falta de rentabilidad de los negocios: El colapso de la eficiencia marginal del capital puede ser tan completo que no baste ninguna reducción factible en la tasa de interés. Si una baja de ésta fuera capaz de proveer un remedio efectivo por sí misma, cabría alcanzar la recuperación sin el transcurso de algún intervalo considerable de tiempo y por medio más o menos directamente bajo el control de la autoridad monetaria. Pero de hecho, esto no suele ocurrir, y no es tan fácil resucitar la eficiencia marginal del capital, estando, como está, determinada por la indirigible y desobediente psicología del mundo de los negocios. (p. 265-266)
¿Puede alentarse, entonces, la deprimida confianza de los empresarios? La respuesta deKeynes es que no existe un modo seguro para lograrlo. Es por eso que el Estado debe hacerse cargo fundamentalmente de estimular la demanda a través del gasto público: En condiciones de laissez faire, quizá sea imposible evitar las fluctuaciones amplias en la ocupación sin un cambio trascendental en la psicología de los mercados de inversión, cambio que no hay razón para esperar que ocurra. En conclusión, afirmo que el deber de ordenar el volumen actual de inversión no puede dejarse con garantías de seguridad en manos de los particulares. (p. 320) En la actual crisis, los economistas keynesianos, al menos los que aún escuchan las palabras de Keynes, creen que no alcanza con el manejo de la tasa de interés para reactivar la economía y que el salvataje, en lugar de dirigirse a los bancos, debe orientarse hacia la demanda.

La crisis mundial que se está desarrollando en la actualidad con epicentro en Estados Unidos tiene causas mucho más profundas que las reconocidas por la ortodoxia.
Para estudiarla, en primer término, hay que reconocer que los aspectos reales y financieros de la acumulación no son más que dos caras de una misma moneda. El capitalismo no funciona sin crédito y, en épocas de prosperidad, se generan inevitablemente múltiples oportunidades para la especulación.
Pero el crédito también permite reducir los gastos de circulación, movilizar masas inmensas de capital y, sobre todo, posponer la crisis aplazando los problemas de realización. De hecho, la fiebre de préstamos baratos formó parte seguramente de la fase expansiva que ahora termina; fue lo que fomentó la construcción de viviendas, la producción de automóviles, la compra de electrodomésticos y así sucesivamente. Por tanto, nada se gana con echarle la culpa a las finanzas o a la especulación. Como decía Marx: En un sistema de producción en que toda la trama del proceso de reproducción descansa sobre el crédito, cuando éste cesa repentinamente y sólo se admiten los pagos al contado, tiene que producirse inmediatamente una crisis, una demanda violenta y en tropel de medios de pago.
Por eso, a primera vista, la crisis parece como una simple crisis de crédito y dinero. Pero estas letras representan en su mayoría compras, ventas reales, las cuales, al sentir la necesidad de extenderse ampliamente, acaban sirviendo de base a toda la crisis. Pero, al lado de esto, hay una masa inmensa de esas letras que sólo representan negocios de especulación, que ahora se ponen al desnudo y explotan como pompas de jabón; además, especulaciones montadas sobre capitales ajenos, pero fracasadas; finalmente, capitales -mercancías depreciadas o incluso invendibles- o un reflujo de capital ya irrealizable […] por lo demás, aquel todo aparece al revés, pues en este mundo hecho de papel no se revelan nunca el precio real y sus factores, sino solamente barras, dinero metálico, billetes de banco, letras de cambio, títulos y valores. Y esta inversión se pone de manifiesto sobre todo en los centros en los que se condensa todo el negocio de dinero del país, como ocurre en Londres; donde todo el proceso aparece como algo inexplicable, menos ya en los centros mismos de la producción” (Tomo III, p. 460)
Por tanto, el crédito y los innumerables instrumentos financieros que engendra, además de proporcionar inevitablemente un campo propicio para la especulación, desempeñan también un papel esencial pues contribuyen a acelerar
la expansión; pero ni bien la economía entra en declive, la contracción del crédito es también una palanca que precipita por doquier la desvalorización, porque toda crisis significa, en última instancia, destrucción de capital.
El análisis de la actual crisis debe dirigirse, según creemos, hacia las hondas transformaciones estructurales ocurridas en las últimas décadas y sus consecuenciasconsecuencias: las nuevas técnicas productivas, los cambios en la división internacional del trabajo, la nueva conformación de la clase trabajadora y el largo ciclo ascendente iniciado en la década de 1970.
Claro está que ninguno de estos factores forma parte de la discusión que desarrolla la teoría ortodoxa por sus carriles habituales. Por otro lado, es importante caer en la cuenta de que si la crisis es un momento necesario que irrumpe periódicamente en la producción capitalista, es en vano señalar como responsables a la voracidad de los banqueros o a la impericia de funcionarios. Y tampoco puede esperarse que el Estado -ni siquiera el poderoso Estado norteamericano-, por su parte, haga más que contribuir a acelerar o retardar los tiempos de la recuperación y, fundamentalmente, limite su acción a participar, hasta cierto punto, en la distribución de las pérdidas.

Axel Kicillof* (doctor en Economia-UBA)

lunes, 19 de enero de 2009

¿Qué nos depara el 2009 en la economía argentina?



Internacional:



  1. Hay signos de recesión en la economía mundial. Esto generó una caída en los precios. Un proceso de deflación en los principales países europeos y en EEUU.



  2. El Banco Central de EEUU (FED) tiene dos objetivos fundamentales: combatir la deflación de precios y la de activos.



  3. EEUU está pretendiendo inflacionar su economía, emitiendo dinero. Hay una agresiva política monetaria expansiva. (inyección de liquidez, baja de tasas de interés de redescuentos, salvatajes)



  4. Es de esperar que a mediados de este año la actividad económica mundial se recupere. La teoría económica y la experiencia es suficiente para entender los procesos económicos y viabilizar posibles alternativas de solución.



  5. El fenómeno de fuerte apreciación del dólar de los últimos meses, se revertiría, lo que causaría un recupero de los precios de los commoditties.



Nacional-Doméstico





  1. Menor saldo comercial, por disminución de exportaciones, debido a descenso de precios (en mayor medida) y de cantidades.


  2. Caída muy fuerte de la oferta de dólares para el mercado cambiario.


  3. Considero dos grandes escenarios:


a) Estabilidad de Precios con recesión:



No hay una modificación de las expectativas negativas total. La política fiscal se vuelve más contractiva. Hay sinceramiento de tarifas (algo de esto lo estamos viendo). El gasto público crece menos que los impuestos. El Mercado piensa que el gobierno cumplirá con sus deudas y esto hace descender el riesgo país, las primas de tasa de interés y, obviamente, retorna la confianza.



La política fiscal prudente, ayuda a establecer un ancla inflacionaria. Toda corrección del tipo de cambio nominal no debería trasladar a precios.



b) Estanflación:



La política fiscal se vuelve más expansiva, menos superávit primario fiscal, menor ahorro. El mercado comienza a sentir posibles de riesgos de incumplimiento de vencimientos. Se incrementan las tasas de interés, el costo del crédito sube, la presión de la demanda de dólares es cada vez mayor. El Banco central sigue perdiendo reservas, y se ve obligado a permitir la devaluación. Hay un salto brusco del tipo de cambio nominal. La inflación sigue en alza, haciendo que el tipo de cambio real disminuya, y la industria pierda cada vez más competitividad. Esto se ve agravado por la caída de las exportaciones y el contexto internacional desfavorable de altas tasas de interés y renuencias para el otorgamiento de créditos. Cae la actividad económica.



Estamos en estancamiento o recesión con inflación.




Es mi ferviente deseo que mis pronósticos no se cumplan para que la Argentina siga creciendo y que no se destruyan puestos de trabajo.







viernes, 2 de enero de 2009

"Economía del comportamiento" (Parte 1°)



Les dejo un post acerca de la economía del comportamiento, elaborado por mi, fruto de una profunda investigación. Si les interesa, hago una segunda parte.




"La economía del comportamiento o “behavioral economics” estudia las anomalías del comportamiento humano y sus efectos sobre las decisiones económicas. En la medida en que estas anomalías describen a un sujeto distinto del individuo racional de los modelos económicos neoclásicos, se considera que esta línea de investigación socava los fundamentos teóricos del libre mercado. Porque si la eficiencia del mercado depende de que los agentes económicos actúen racionalmente, como la economía neoclásica presupone, el descubrimiento de anomalías sistemáticas, de irracionalidad, en su comportamiento sugiere que el mercado real es menos eficiente de lo que indican los modelos. La intervención del Estado deviene necesaria para corregir esa irracionalidad"




El campo de la economía del comportamiento se dedica a estudiar cómo eligen realmente los consumidores. Utiliza algunas ideas de la psicología para hacer predicciones sobre las decisiones de los agentes, muchas de estas predicciones están en contradicción con el modelo económico convencional.




EFECTO PRESENTACIÓN: Los efectos de presentación ejercen claramente una poderosa influencia en el comportamiento a la hora de elegir. Por ejemplo, unos pantalones vaqueros desteñidos pueden percibirse de una forma muy distinta dependiendo de que se vendan en un local de ropa de segunda mano o en un local de ropa cara. En lo que se llama "Dilema de la enfermedad", la mayoría de la gente prefiere lo que se denomina "presentación positiva" que la negativa. Por ejemplo, una enfermedad amenaza a 600 personas. Se nos ofrece la posibilidad de elegir entre dos tratamientos, A y B, que dan los siguientes resultados.




TRATAMIENTO A: Se salvan 200 vidas con seguridad


TRATAMIENTO B: Hay 1/3 de probabilidades de que se salven 600 vidas y 2/3 de probabilidades de que no se salve ninguna ¿Qué elegiríamos? Si cambiamos el enunciado TRATAMIENTO C: Mueren 400


TRATAMIENTO D: Hay 2/3 de probabilidades de que mueran 600 personas y 1/3 de probabilidades de que no muera ninguna La mayoría de la gente elige A frente a B, pero en la presentación negativa, elegiría D frente a C, aunque los resultados de A-C y los de B-D sean exactamente iguales.


EFECTO ANCLAJE:cuando las decisiones están contaminadas con información espuria. Por ejemplo, nos regalan 100 acciones de una empresa. Nosotros estaríamos reacios a vender acciones a pesar de que nunca se nos pasaría por la cabeza comprarlas.




AGRUPAMIENTO: La gente tiene problemas para comprender su propio comportamiento y le resulta demasiado difícil predecir lo que elegirá realmente en cada circunstancia. Cuantas más posibilidades de elección tengamos, según la teoría tradicional económica, mejor. Pero si se toma en cuenta el costo de elegir, generalmente, es más fácil tomar alguna decisión. Con respecto a las preferencias, la teoría tradicional establece que están dadas. La psicología y la economía experimental, sostienen que las preferencias no sirven de guía para elegir sino que se descubren en parte eligiendo.




INCERTIDUMBRE: La ley de los grandes números dice que "la media de una gran muestra de una población tiende a ser cercana a la media de esa población". La ley de los pequeños números es un principio psicológico que dice que la gente tiende a dejarse influir mucho por las muestras pequeñas, sobre todo si las experimenta ella misma. El ejemplo, para la próxima parte.
A continuación les presento tres videos. Los dos primeros, respecto a la neuromarketing, y el último, un video acerca del estudio del comportamiento del consumidor desde el punto de vista de la administración.


http://www.videos-star.com/watch.php?video=