Mis pensamientos...

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viernes, 12 de octubre de 2012

El tan citado y mencionado en la Política Económica: "El Consenso de Washington"

Con sus propias palabras, en un discurso en el año 2004, el "creador" del llamado Consenso de Washington, el economista John Williamson,  enumera las recomendaciones dadas a los países latinoamericanos, allá por el año 1989, y bajo el contexto de la reestructuración de la deuda pública con los bancos comerciales privados, es decir, el "Plan Brady".






viernes, 8 de junio de 2012

Se sancionó ley de acceso a la información pública en Misiones



La norma fue aprobada en la sesión de este jueves y unifica los proyectos presentados por los diputados Carlos Rovira, Pablo Tschirsch y Luis Pastori. La iniciativa garantiza la transparencia de la administración pública y de los sujetos obligados, y facilitará el ejercicio del derecho de toda persona a proveerse libremente de información pública y promover una efectiva participación ciudadana.
El primer antecedente de esta ley lo constituyó un decreto del 18 de julio del año 2000 firmado por el entonces gobernador Rovira, con definiciones conceptuales claras respecto de la libre información pública, y equiparada recién por el Estado Nacional en el 2003.
Promueve los principios de publicidad de los actos de gobierno; transparencia de la función pública y control por parte del ciudadano en el manejo y ejecución de los recursos y actos de la administración pública; gratuidad e igualdad; libertad de formas; y sencillez y celeridad de procedimiento.
También asegura que toda persona física o jurídica pueda solicitar y recibir información completa, adecuada, oportuna y veraz de cualquier órgano perteneciente a la administración centralizada, descentralizada, órganos de la Constitución Provincial, entes autárquicos, empresas y cooperativas que presten servicios públicos y sus entes reguladores, sociedades anónimas con participación estatal mayoritaria y sociedades de economía mixta. Asimismo, de organizaciones empresariales donde la provincia tenga participación en el capital o en la formación de las decisiones societarias, además de los poderes Legislativo y Poder Judicial. 
En la misma línea, deberá proveerse a quien lo requiera la información contenida en documentos escritos, fotografías, grabaciones, soporte magnético o digital, o en cualquier otro formato, que haya sido creada u obtenida por el órgano requerido, o que se encuentre en su posesión y bajo su control.
El organismo requerido estará obligado a proporcionar la información en el momento en que se la solicite, o proveerla en un plazo no mayor de diez días hábiles administrativos. El silencio, la falta de motivación de la respuesta, o la contestación ambigua o parcial, serán considerados como negativa y dejarían habilitada la vía judicial correspondiente.
Las limitaciones
No se suministrará datos personales de carácter sensible cuya publicidad constituya una vulneración del derecho a la intimidad y al honor, salvo que se cuente con el consentimiento expreso de la persona a que refiere la información; bases de datos de domicilios o teléfonos particulares; datos que comprometan los derechos o intereses legítimos de un tercero o que hayan sido obtenidos en carácter confidencial; información protegida por el secreto bancario, fiscal o profesional.
Además quedarían excluidas la información cuya publicidad pudiera revelar la estrategia a adoptarse en la defensa o tramitación de una causa judicial; actuaciones referentes a cuestiones de familia, menores y sumarios administrativos hasta la etapa de formulación de cargos; información expresa y fundadamente clasificada como reservada, especialmente la referida a seguridad o salubridad pública; información que se encuentre en documentos constitutivos del patrimonio cultural o histórico, cuyo acceso o reproducción pueda poner en peligro su estado de conservación; e información que divulgue secretos industriales, comerciales, financieros, científicos, de investigación o técnicos.
Tras considerarse algunas reservas respecto del artículo 18 del dictamen que fue aprobado por la comisión de Asuntos Constitucionales y propuesto por una asociación civil sin fines de lucro, el texto definitivo finalmente no incluyó -por decisión de Rovira- este punto que sostenía que “el adquirente de la información que publicite la misma en forma total o parcial o utilice la misma, como fuente de investigación, remisión de datos en artículos o editoriales, que implique una distorsión maliciosa de la información suministrada, es responsable civil y penalmente por su accionar, sin perjuicio de la denegación por parte del órgano requerido de suministrarle en lo sucesivo información de su dependencia, previa resolución judicial de la determinación de su responsabilidad. Misma responsabilidad le cabe a quien reproduzca o utilice de fuente la información publicada por el requirente, desvirtuando la misma”.
Para la elaboración de la ley se utilizaron los aportes efectuados por trabajadores de prensa y organizaciones vinculadas a los derechos de ciudadanos y consumidores, quienes tuvieron la oportunidad de presentar a los legisladores su visión de la temática.
Rovira expresó su “profunda satisfacción por el grado, la manera y el ímpetu democrático que como pocas veces en la historia política de la provincia de Misiones concitó lo que sin dudas debemos denominar un acto cívico primordial de estos tiempos”, y remarcó que “Misiones es hoy ejemplo nacional otra vez, protagónico de vanguardia”.
Dijo que la provincia vive un “proceso de modernización que no se detiene, todo lo contrario, se profundiza, y hay muchísimo más por delante, estamos preparados para seguir sirviendo”.
“Hoy el debate nacional es alrededor de la hegemonía de grupos mediáticos, grandes, pequeños, una ley de servicio de radiodifusión, pujas que son evidentes y notables, y son buenas, no hay que temerles, sólo hay que prepararse”, agregó.
Durante su alocución, el presidente de la Cámara destacó la figura de Mariano Moreno por sus ideas revolucionarias de la historia patria argentina y propulsor del periodismo.
“Moreno decía que la verdad, palabra tan escurridiza y difícil, y la virtud son la mejor garantía de la opinión pública, son las únicas palabras que en sí mismas guardan la apología incontestable de esos términos, esto significa que no necesitan jueces, la verdad no necesita juicio, la verdad es sólo y nada más que la verdad”, enfatizó.
En línea hizo referencia a la decisión política de eliminar el artículo 18. “Es innecesario un término de ley para ser custodios de la verdad y de la virtud, somos responsables cada uno de nosotros, seamos el más humilde de los ciudadanos, el más encumbrado dirigente o funcionario estatal, o seamos periodistas, informadores, profesionales o lo que sea: todos somos responsables de nuestros actos, de lo que decimos”. 

 Aspectos destacados de la ley de acceso a la información pública

- Sujetos obligados. Los sujetos obligados deben proveer a quien lo requiera la información contenida en documentos escritos, fotografías, grabaciones, soporte magnético o digital, o en cualquier otro formato, que haya sido creada u obtenida por el órgano requerido o que se encuentre en su posesión y bajo su control. El requerido no tiene obligación de crear o producir información con la que no cuente al momento de efectuarse el pedido.
- Formalidad. La solicitud de información debe ser realizada por escrito, con la identificación completa del requirente, sin estar sujeta a ninguna otra formalidad y no puede exigirse la manifestación del propósito de la requisitoria. Debe entregarse al solicitante de la información una constancia del requerimiento.
- Gratuidad. El acceso público a la información es gratuito en tanto no se requiera la reproducción de la misma. Los costos de reproducción son a cargo del solicitante.
- Plazos. Prórroga. El organismo requerido está obligado a proporcionar la información en el momento que se la solicite o proveerla en un plazo no mayor de diez (10) días hábiles administrativos. El plazo se podrá prorrogar por diez (10) días hábiles administrativos de mediar circunstancias inusuales que hagan difícil reunir la información solicitada. En su caso, el organismo deberá comunicar en acto fundado las razones por las que hará uso de la prórroga.
- Prórroga extraordinaria. Si resultare imposible proporcionar la información requerida en los plazos antes mencionados, el organismo fijará por una sola vez, un nuevo plazo para satisfacer lo solicitado. En este caso, la no aceptación por parte del requirente del plazo fijado deja habilitada la vía judicial.
- Denegatoria. La denegatoria de la información debe ser dispuesta por un funcionario de jerarquía equivalente o superior a Director General, en forma fundada explicitando la norma o la causa que ampara la negativa. No se considera denegatoria del pedido, la respuesta del organismo que ofrezca otra alternativa de satisfacer el requerimiento, cuando lo solicitado resultare de difícil reproducción.
- Silencio. El silencio, la falta de motivación de la respuesta, o bien si la contestación a la requisitoria hubiere sido ambigua o parcial, es considerada como negativa y deja habilitada la vía judicial.
- Información publicada. En caso que la información solicitada por el requirente esté disponible en medios impresos o formatos electrónicos, en internet o en cualquier otro medio de fácil disponibilidad o acceso, se le hará saber a aquél la fuente, el lugar y la forma en que pueda obtener dicha información ya publicada.
- El funcionario público o agente responsable que en forma arbitraria obstruya el acceso del solicitante a la información requerida, o la suministre en forma incompleta u obstaculice de cualquier modo el cumplimiento de esta ley, es considerado incurso en falta grave, sin perjuicio de solicitar la intervención de la justicia penal a los fines de que se investigue la posible comisión de delitos.

Fuentes: www.diputadosmisiones.gov.ar/; www.misionesonline.net

lunes, 16 de enero de 2012

El investigador




Quiero compartir un artículo sobre el recorrido tipo del investigador en Argentina escrito por Federico Vasen (aquí)











EL RECORRIDO TIPO DE UN INVESTIGADOR

LA INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA EN HUMANIDADES Y CIENCIAS SOCIALES. INSTITUCIONES, INSTRUMENTOS, OPORTUNIDADES

Guía escrita por Federico Vasen

1. QUÉ ES ESTE TEXTO

Ya desde los primeros momentos en que uno se plantea dedicarse a la investigación, toma nota de un montón de términos, instituciones y mecanismos de los que antes difícilmente había escuchado hablar. Aparece una jungla de siglas, cifras y requisitos que en los que probablemente nunca antes se había reparado, pero que hay que internalizar y con los que hay que aprender a lidiar para poder tener una dedicación completa a las tareas de investigación. En este texto brevemente reseñaré cuáles son los hitos en la carrera de un investigador universitario, es decir, cuál es un recorrido tipo, para luego poner en relación las distintas etapas de esta carrera con las oportunidades de financiamiento que existen. Antes de comenzar, hago dos aclaraciones. En primer término, dejar sentado que lo que se describe a continuación es solo un recorrido posible, y que existen múltiples y variadas posibilidades alternativas, algunas de ellas quizás más interesantes o novedosas. Una carrera es ante todo un itinerario personal y cada uno es capaz de darle un plus a su perfil a través de sus características e intereses diferenciales. En segundo término, recordar que estas cuestiones son cambiantes, y que lo que se describirá se relaciona con el estado de cosas en 2010, y es seguro que muy prontamente esté desactualizado. Finalmente, en este artículo pretendo contextualizar aunque más no sea de modo esquemático, el lugar de las ciencias sociales en las políticas científicas actuales.

2. CUÁL ES LA CARRERA TIPO DE UN INVESTIGADOR UNIVERSITARIO

Las características actuales del sistema científico presuponen que cualquier persona que quiera realizar actividades de investigación en forma independiente debe poseer el título de doctor. Éste se considera el título académico máximo, es decir, que no existe ningún título superior y por tanto quien accede al título de doctor ha completado sus actividades formativas formales, si bien –claro está- la investigación en sí misma es un proceso formativo y de aprendizaje y no puede decirse que quien se dedique a la investigación deje alguna vez de formarse. En forma consecuente, quien quiera dedicarse formalmente a la investigación, deberá llevar adelante una carrera de doctorado. Ésta consiste en el desarrollo de una investigación original, que será presentada en forma de tesis (un escrito de 300 páginas aproximadamente) ante un jurado. El proceso de investigación y redacción es supervisado por un investigador que necesariamente debe ser doctor y tener experiencia acreditable en el campo de estudios en el que se realiza la tesis. De acuerdo a una evaluación de los antecedentes del candidato, también será necesario cursar y aprobar algunos cursos de doctorado, que tienen un formato similar a los seminarios del final de la carrera de grado (lectura de textos, exposición, trabajo final...). En tanto se considera que para llevar adelante satisfactoriamente el doctorado -en un plazo de 5 años desde la finalización del grado- es necesaria una dedicación exclusiva a las labores de investigación, es que existen las becas de doctorado (en la sección siguiente más detalles sobre este punto).

El mundo académico es altamente competitivo e incluso antes de recibirse uno puede comenzar a participar en actividades de investigación con el fin de sumar antecedentes. En las ciencias sociales fundamentalmente esto se da a través de la participación en losproyectos de investigación de las cátedras o de algunos profesores. El acceso a estas instancias es generalmente discrecional, uno debe acercarse a algún profesor en cuya temática de trabajo se esté interesado. Los seminarios del final de la carrera suelen ser instancias importantes para este tipo de contacto. Por otra parte, también podemos sumar antecedentes a través de la presentación de ponencias en jornadas o congresos de la especialidad. En la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) existe la figura de adscripto de cátedra, en el que un alumno se inicia en las tareas de docencia e investigación a través de un proyecto personal. Sin embargo, más importante que todo esto, es el promedio de la carrera. Para el acceso a las becas de doctorado, lo más importante es el promedio de las calificaciones de grado, que en algunos casos otorga el 50% del puntaje total de la solicitud.

Cabe señalar que tener una beca no es una condición necesaria para realizar un doctorado, su función es garantizar la dedicación exclusiva a esta tarea. Se puede cursar un doctorado y trabajar a la par, pero la tarea es más ardua. Los requisitos de inscripción a un doctorado requieren de un director que cumpla con los reglamentos del programa elegido y elaborar un plan de trabajo que sea aprobado por la comisión de doctorado respectiva.

2.1 MAESTRÍAS

Hace algunos años empezaron a ofrecerse en el área de ciencias sociales y humanidades diversos programas de maestría. Al igual que para el doctorado, para obtener un título deMagíster es necesario realizar una tesis. Sin embargo, no es requisito que el este trabajo contenga investigación original, es decir, producción de conocimiento nuevo. A diferencia del doctorado, los programas de maestría son más estandarizados, requieren la aprobación de un número determinado de materias obligatorias y algunas optativas e incluyen un seminario de tesis, en el que se orienta a los maestrandos en la realización de la tesis. Las maestrías están pensadas para dos años, si bien en la práctica, son contados los que realizan la tesis en esos dos años, más bien se tiende a terminar la cursada en ese plazo y luego dedicarse a la realización de la tesis. A diferencia de los doctorados, las maestrías no poseen un perfil únicamente académico, sino que también se orientan a cuestiones técnicas y de gestión. De hecho, los famosos MBA son programas de maestría. En algunas áreas de las ciencias sociales como la sociología o la ciencia política, sólo en los últimos años se establecieron programas de doctorado acreditados, y por tanto se obligaba a quienes querían seguir carreras académicas a realizar una maestría. Hoy sin embargo no es un requisito, y si bien a veces es atractivo en un primer momento por su forma más estructurada, termina siendo un lastre, pues no exime del requisito de doctorado, que habrá que realizar en última instancia. Se puede financiar una maestría a través de una beca, pero ningún sistema de financiamiento otorga más de 5 años de beca de posgrado. Por lo tanto, si se cursa una maestría deberán realizarse dos tesis (maestría + doctorado) en 5 años mientras que si se cursa un doctorado únicamente, se tiene los cinco años para esta tarea. A favor de la maestría puede decirse que tenerla terminada exime en la mayoría de los programas de doctorado de la realización de la mayoría de los cursos específicos de doctorado y brinda experiencia en la redacción de la tesis (si no se ha realizado una tesis de licenciatura). En síntesis, las maestrías son más fuertes en las ciencias sociales que en las humanidades y brindan una formación de posgrado básica más estructurada, pero que no exime de tener que emprender luego estudios de doctorado. Como hemos dicho al principio, el título que abre las puertas a avanzar en el campo de la investigación es el de doctor y no el de magíster.

2.2 ESTUDIOS EN EL EXTERIOR

Los estudios de posgrado pueden realizarse en el país o en el exterior. En los últimos años se han ampliado las becas para permanecer en el país, y se han consolidado los programas de posgrado. Sin embargo siempre existen posibilidades para realizar maestrías o doctorados en el extranjero. Se trata en el fondo de una decisión política, a qué sistema se quiere aportar con las propias ideas. El problema de emigrar no sólo es afectivo, sino también que muchas veces la inserción a la vuelta es complicada, al permanecer en el país se afianzan redes de contactos que luego pueden transformarse en oportunidades laborales, principalmente docentes, en la medida en que las universidades no suelen llamar frecuentemente a concursos abiertos. Por otra parte, a lo largo de la carrera de doctorado existe la posibilidad de realizar estancias cortas de investigación en el exterior (generalmente de entre 3 y 12 meses), realizando tareas de archivo, recopilación bibliográfica -o incluso trabajos de campo en el caso de estudios comparados- en centros de excelencia de otros países, y contactándose con especialistas de nivel mundial en el campo de estudios elegido.

2.3 POSDOCTORADO

Una vez terminado el doctorado, existe una instancia que ya está establecida en las ciencias exactas y naturales, y que es cada vez más frecuente en las ciencias sociales, que es el posdoctorado. No se trata de la obtención de un título, pues no hay título superior al doctorado. En general toma la forma de estadía de investigación, cuando se realiza en el exterior. En las ciencias duras, está asociado a la visita de un laboratorio distinto al cual se realizó el doctorado y la posibilidad de iniciar una línea de trabajo propia, diferenciada del laboratorio donde se realizaron los estudios de investigación. En las ciencias sociales, es una suerte de periodo “sándwich” en el que se profundizan ciertos aspectos de la tesis, y partiendo de ellas, se busca abrir nuevas perspectivas de investigación. Además, a medida que se avanza en la carrera, comienza la presión por la publicación, al modo del dictum “publicar o perecer”. El posdoctorado suele ser un momento el cual se preparan y adaptan los resultados de la tesis doctoral para ser publicados como artículos en revistas especializadas.

2.4 CARRERA DE INVESTIGADOR

Luego de todas estas etapas puede decirse que se ha acabado la etapa de entrenamiento para la investigación y comienza la carrera de modo más independiente. En las ciencias sociales y las humanidades un investigador se vuelve autónomo más prontamente que en las ciencias duras, pues no existe una necesidad tan fuerte de equipamiento y se trabaja menos en equipo (en las humanidades el trabajo continúa siendo individual). Si uno quiere seguir una carrera académica pura, las oportunidades laborales se restringen a entrar como investigador en la planta del CONICET o conseguir un cargo de dedicación exclusiva en las universidades. En otras disciplinas, existen también otras instituciones como INTA o CNEA donde se puede realizar investigación con cargos de tiempo completo, pero no es así en las ciencias sociales y las humanidades. Los criterios de evaluación para ingresar a estos cargos en CONICET o las universidades se basa fundamentalmente en la producción académica, medida en función de la cantidad de artículos, capítulos de libros, libros y presentaciones en congresos publicados. Por otra parte, también comienza una competencia por subsidios de investigación, es decir, dinero para financiar los insumos y el equipamiento necesario para producir conocimientos. Asimismo, otro plus lo supone la formación de recursos humanos, es decir, la dirección de trabajos de tesis de grado y posgrado. En los últimos tiempos también se han valorado las actividades de transferencia, que en general suponen el contacto con actores externos al campo académico, y la adaptación de los conocimientos producidos a un uso comercial o social no rentable.

Finalmente hay que señalar que aquel que ha obtenido un doctorado no sólo puede volcarse a las actividades académicas. Cuenta con una capacitación muy avanzada para desempeñarse en otros ámbitos como la gestión pública o la planificación, así como también en el sector privado (en las ciencias duras, fundamentalmente en la industria). Sin embargo, la gran mayoría de los que realizan un doctorado están pensando en seguir realizando investigación académica y no conseguir financiamiento para ello puede suponer una situación frustrante.

3. INSTITUCIONES E INSTRUMENTOS

A continuación una breve descripción de las distintas posibilidades de financiamiento en cada una de las etapas.

3.1. BECAS DE GRADO Y POSGRADO

A nivel de grado, las universidades nacionales son las únicas que brindan becas de investigación para estudiantes avanzados. En el caso de la UBA, se trata de las becas “estímulo”, y existen otras equivalentes en la mayoría de las universidades.

A nivel de posgrado, hay distintas instituciones que otorgan becas, entre las que se destacan el CONICET, la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica y las mismas universidades. Generalmente las becas de doctorado están divididas en dos tramos, que obtienen nombres diversos. En CONICET se denominan “Tipo I” y “Tipo II”, y tienen una duración de 3 y 2 años respectivamente. En la UBA, la misma duración refiere a “Doctorado” y “Culminación de doctorado”. La UBA ofrece también becas de maestría, pero quienes las obtienen luego no pueden presentarse a la categoría “doctorado” sino únicamente a las de culminación. En el caso de la ANPCyT, sólo se otorgan becas iniciales de 3 años, que se dan únicamente en el marco de proyectos acreditados, y cuyo proceso de selección es descentralizado y recae en los directores del proyecto financiado por ANPCyT. En el caso del CONICET no es requisito que el proyecto doctoral se enmarque en un proyecto de investigación más amplio, en el de la UBA sí aunque no necesariamente de un proyecto que esté financiado por la UBA. En el CONICET y la UBA las convocatorias se hacen de forma centralizada, mientras que en la Agencia los cronogramas y las decisiones se toman dentro del grupo de investigadores responsables de un proyecto. En otras universidades del país existen sistemas similares, algunas de ellas mantienen un programa de tres tramos: “iniciación”, “perfeccionamiento” y “formación superior” (2+2+1 año), que responde al modelo que antiguamente utilizaba al CONICET.

Por último es necesario aclarar que todas las becas de posgrado requieren una dedicación exclusiva. Esto significa que es necesario renunciar a cualquier otro trabajo “en blanco” que se tenga, a excepción de un cargo docente universitario de dedicación simple. En el caso de CONICET, es posible tener otro cargo docente, pero se descontará del estipendio el segundo cargo.

Para el posdoctorado existen becas, fundamentalmente otorgadas por el CONICET y el Agencia, no por las universidades. Tienen una duración de dos años y es requisito para acceder a ellas haber defendido exitosamente la tesis de doctorado al momento de comenzar a cobrar, no en el momento de solicitarlas.

Las becas suelen tener límites de edad, y el sistema científico está ordenado de modo tal que se espera que un investigador se doctore entre los 30 y los 33 años.

3.2 SUBSIDIOS DE INVESTIGACIÓN

Más allá de las becas, el otro instrumento central en política científica y tecnológica son los subsidios de investigación, en torno a los cuales se forman “proyectos de investigación”. Se trata de una suma de dinero que se otorga a un investigador o a un grupo para la realización de un plan de trabajo. Se puede gastar en equipamiento, insumos, viajes y viáticos, servicios técnicos, etc. pero no en salarios. Existen distintos tipos de subsidios de acuerdo a los montos y las etapas de la carrera. Las principales instituciones que otorgan estos subsidios son una vez más las universidades, la Agencia y el CONICET. En la UBA se trata de los UBACyT, en la Universidad Nacional del Litoral de CAI+D (y así en otras), en el CONICET de los PIP, en la Agencia de la línea PICT. Tanto Agencia como las universidades suelen incluir líneas para investigadores (doctores) jóvenes, de menos de 35 años.

3.3 CARRERA DE INVESTIGADOR

El CONICET ofrece una Carrera de Investigador Científico a la que se puede ingresar una vez concluido el doctorado y preferentemente el posdoctorado también. Para entrar en la categoría “asistente” hay que tener hasta 35 años, es posible –aunque más difícil- ingresar en categorías superiores. Quien ingresa a la carrera de investigador entra en una relación laboral de dependencia con el CONICET (lo cual no sucedía en las becas) y se transforma en un investigador de planta, que es evaluado cada uno o dos años y que si supera estas evaluaciones –a través de informes- mantiene su cargo. Los investigadores se desempeñan en lugares de trabajo propios del CONICET o en las universidades. En la práctica la carrera de investigador constituye la forma más segura de tener un ingreso continuo para las actividades de investigación, y los que pertenecen a ella conforman una élite en el sistema científico. La otra forma de dedicarse exclusivamente a la investigación es a través de un cargo docente de tiempo completo en las universidades, pero dada la estructura del sistema universitario, éstos no abundan, su obtención es más difícil y su continuidad muchas veces está atada a una política de alianzas locales en las facultades de origen.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Igualdad

Aquí les dejo el último documento de "Carta abierta", organización que se auto-define como "personas de la cultura, la educación, el periodismo, las ciencias, el cine, las artes, la poesía y la literatura, entre otras disciplinas(...) que surgió en marzo de 2008, en defensa del gobierno democrático amenazado por el conflicto suscitado por las patronales agropecuarias, y distinguiéndose siempre por la preservación de la libertad de crítica.

El sitio web es http://www.cartaabierta.org.ar/.

Se esté o no de acuerdo, es importante el análisis y estudio de las ideas vertidas por el espacio.


CARTA DE LA IGUALDAD
I

El triunfo de Cristina Fernández de Kirchner en las elecciones del 23 de octubre con el 54% de los votos expresa la voluntad popular por la profundización de los cambios. En esa decisión de millones de personas se vislumbra la apuesta por una política transformadora, perseverante en su irreverencia frente al orden establecido. En su seno, conjurando la totemización del mercado, rescatando voces antiguas de la fragua popular e intentando frente a ellas nuevas formas de lo político, late incipiente la otrora desterrada utopía de la Igualdad. Es acompañada por la validación de un tipo de gobernabilidad que no puede concebirse por fuera de la recreación incesante de lazos constitutivos con una sociedad activa, heterogénea y abierta, y el impulso hacia un extendido compromiso militante que tiene en el entrecruzamiento generacional y la convocatoria activa de la juventud una de sus dimensiones más notables. Los argumentos simplistas de la gran prensa -voto conservador, el consumo, la oposición inexpresiva- son velos que ocultan otros destellos resultantes de ocho años de continuidad que también sostuvieron el 54 por ciento. El humor social, la recuperación de valores que parecían perdidos, la identidad como pueblo, la confianza en un liderazgo, el compromiso creciente en capas de la sociedad para participar en lo público, la perspectiva y esperanza en un futuro.


Recordemos que apenas una década ha transcurrido desde las jornadas de movilización popular de 2001, cuando en las calles se sancionó la derrota política -y comenzó el retroceso cultural- de un modelo económico centrado en el capital financiero y un modo de gobierno consistente en la mera administración de lo ya dado. Fueron días de indignación y luchas callejeras que hicieron visibles y generales otros combates, los que venían sosteniendo organizaciones diversas desde mediados de los años ‘90. Y si aquéllas habían crecido en la resistencia, creando formas nuevas para la política, los acontecimientos de diciembre fueron sancionados con una brutal represión. La crisis desencadenó una transición política que descargó los enormes costos y ajustes del desplome neoliberal sobre las vidas de las mayorías, ya severamente empobrecidas por el régimen caído. Conjuntamente con una aguda recesión avanzó la desocupación, la exclusión, la marginación y la pobreza, mientras la llamada “pesificación asimétrica” transfería ingresos a los sectores más concentrados de la economía.

La Historia abrió una alternativa y una esperanza en 2003. La extendida experiencia política que denominamos “kirchnerismo”, como metáfora nominativa de una capacidad transformadora de características propias, posee un doble carácter: se nos presenta como la evidencia política e institucional de un heterogéneo subsuelo popular irredento en incesante movimiento, capaz de establecer los núcleos programáticos de una nueva etapa argentina, en plena ocasión de una crisis de hegemonía de dimensiones y, a la vez, como un inusitado giro de la historia, una inflexión sin coordenadas de arribo, un acontecimiento creativo que cambia los parámetros amputados de una dinámica de poder sin destino posible mayor que el de una tragedia que muta en parodia de sí misma. La figura de Néstor Kirchner fue el epicentro de esa combinación. Asumió la presidencia con un discurso nacional y popular que se distancia del camino industrial-primario-exportador sin inclusión social (desarrollista de derecha), que había intentado desplegar la transición duhaldista. Las urgencias de la democratización de la economía, del crecimiento del empleo y de la producción se concibieron, en el incipiente proyecto, inseparables de la aspiración de reconstruir el mercado interno y recomponer los ingresos de los sectores populares y medios. Al mismo tiempo, el nuevo gobierno se pensó como heredero e intérprete de la movilización social, viendo en lo popular no sólo los rostros de las víctimas del orden en crisis, sino también los de una organización de la que no se podría prescindir. Los movimientos de desocupados fueron actores y partícipes de la nueva construcción, junto a los trabajadores organizados y un múltiple escenario social y político.


La desarticulación del último gran intento por emprender un proyecto de transformación nacional había sido acometida por la dictadura terrorista de Estado, más de un cuarto de siglo antes. Los comandantes y ejecutores de la represión masiva de aquella época se encontraban sin juicio ni castigo. Los primeros intentos de Justicia sucumbieron bajo las leyes de impunidad. Pero en nuestro país se había desarrollado una inédita construcción militante de Derechos Humanos. Heroica por parte de las Madres de la Plaza, que en plena dictadura lucharon por la recuperación de sus hijos, y multiplicada luego en un vasto friso de militancias. Con la decisión de desarmar el dispositivo de la impunidad el gobierno recuperaba las reivindicaciones centrales de ese movimiento: Memoria, Verdad y Justicia y, al hacerlo, se fundaba a sí mismo como una experiencia política radicalmente nueva. El desarrollo de los juicios, la ejecución efectiva de cientos de sentencias y la constitución de una narración de los hechos centrada en la condena del terrorismo de Estado, configuraron un camino que debe seguir siendo profundizado con la investigación de los civiles que colaboraron y fueron beneficiados -como en el caso de Papel Prensa y otras 600 empresas- por lo tramitado en las mazmorras concentracionarias. Consecuente con la profundidad de su compromiso con los derechos humanos, una de las características distintivas del proyecto iniciado en 2003 ha sido la firme decisión de los gobiernos nacionales de no reprimir la protesta popular.


El desendeudamiento con el FMI y la restructuración de la deuda externa con una quita inédita, las negociaciones salariales en paritarias que construyeron una dinámica de recomposición de ingresos y, luego, la estatización de la administración previsional y la inclusión de millones de beneficiarios excluidos en el régimen jubilatorio, trazaron un camino en el que la disidencia con las recetas de las ortodoxias financieras se estableció en el plano de los hechos. La desarticulación del ALCA marcó el nacimiento de una nueva política de integración regional que se iría constituyendo en nuevas instituciones, con el Banco del Sur, la UNASUR y la flamante CELAC. El latinoamericanismo dejaría de ser horizonte de deseo o bandera justamente compartida para convertirse en definición de una política internacionalista y regional.


II


En 2008 la nueva época adquirió otros contornos, signados por el conflicto y el entusiasmo. El justo proyecto de retenciones móviles a las exportaciones agropecuarias condujo a una aguda confrontación del proyecto nacional con el bloque de poder que operó -y opera- como el agente interno de la restauración del proyecto derrotado en 2001. Las corporaciones patronales del campo resistieron y no estaban solas. Un tejido nuevo de poder económico se había articulado en el agronegocio con ellas. Contaban con el apoyo de los medios de prensa concentrados, emparentados ideológicamente y entrelazados con los negocios ligados a la Argentina reprimarizada de fin del siglo pasado. Se sumó toda una oposición política variopinta que conjugaba discursos republicanos, conservadores y “progresistas” para la ofensiva destituyente. Organizaciones emblemáticas del empresariado industrial, como la UIA, beneficiarias de las nuevas políticas, no se comprometieron con el instrumento que favorecía la diversificación productiva del país, ya por ataduras con la persistente creencia neoliberal, ya por la apuesta a un modelo centrado en la demanda externa y sustentado en salarios bajos.

Los tiempos eran agónicos y parieron nuevos actores en conflicto. Se constituyó el bloque que afirmaría la continuidad de un proyecto que, si heredaba los movimientos populares argentinos, también se mostraba prístino en sus diferencias y fundamental en su novedad. Las organizaciones sindicales, sociales, de Derechos Humanos, una buena parte del arco político progresista y de la izquierda no peronista, se asociaron estratégicamente al futuro del kirchnerismo, que se afianzaba como identidad política. Un frentismo de hecho defendía al proyecto del intento de la restauración conservadora. Carta Abierta nacía en ese momento de disputa como expresión de un tipo de militancia que consistía en tomar la palabra colectivamente, procurar interpretaciones y asumir un compromiso público. El conflicto era evidente: frente a un bloque que impulsaba la autonomía nacional y la ampliación de derechos se alzaba una coalición destituyente promovida por la elite del privilegio.


El año 2009 -en el que se afrontó un resultado electoral adverso- supuso un desafío de gran dificultad pero las fuerzas estaban templadas y el gobierno profundizó las políticas reparatorias. La Asignación Universal por Hijo y el programa “Argentina Trabaja” signaron ese momento. Coincidieron durante ese año los efectos de la sequía y la primera fase de la crisis internacional, que fueron enfrentados con políticas y medidas que desafiaban las ortodoxias y recomendaciones de los poderes internacionales y locales. Pese a que no escaseaban los conflictos, el gobierno impulsó con fuerza otra reforma estructural: una ley de servicios de comunicación audiovisual que prescribe límites a los monopolios y amplía el derecho a la información. Doblar la apuesta se constituiría en una marca de estilo frente a las adversidades.


En dos acontecimientos de 2010 pudo verse el cierre de las dificultades mayores del período: en la fiesta callejera de la conmemoración del Bicentenario y en la dolida y colectiva despedida a Néstor Kirchner. Porque si en el primero se vio la multitud reconocida en la nación que se conmemoraba -y esto es: no en abierto conflicto con el gobierno que la representaba-, en el segundo fue la emergencia de un compromiso activo y militante, descubierto junto con la propia fragilidad de las vidas que lo habían incitado. Y si la fiesta del Bicentenario era la contracara de la justa ira de diciembre de 2001; el duelo en la plaza reponía una confianza en la política que era impensable diez años atrás.


III

Eso fue posible porque la apuesta no fue leve y su horizonte fue la Igualdad. Que no es fácil de definir aunque se advierta su búsqueda en luchas, movimientos, documentos, leyes, hechos de gobierno. No es fácil porque se enlaza a otras cuestiones: la de la Justicia, la Libertad. Elegimos, en este momento, llamar Igualdad a las posibilidades de una sociedad más justa con sus integrantes, menos esquiva de lo fraterno y lo cooperativo, menos abrupta en el recorte de las libertades para algunos. No se trata sólo de igualdad de oportunidades reclamada por el liberalismo ni de distribución económica, aunque todo ello resulta imprescindible. La ley del matrimonio igualitario -que lleva en su nombre la cuestión que tratamos-, seguida por otras de muy reciente aprobación, evidencia una virtuosa escucha legislativa de los reclamos y valores impulsados por las minorías. El derecho al aborto, concebido como defensa de la autonomía de las mujeres a definir sobre su cuerpo y su deseo a la maternidad -y ya no como sumisión a la voluntad de un otro-, está en el horizonte de esas medidas que, impulsadas por pocos, inauguran, sin embargo, otro estado de los valores, las creencias y las lógicas que estructuran la vida social.


Si la Igualdad es el horizonte de estas políticas, lo es como igualdad en la diferencia y reconocimiento de la heterogeneidad. Lo es como ampliación de la ciudadanía, que se va desplegando en un recorrido desde la inclusión -con las múltiples estrategias de reparación social- hacia la Igualdad. No es poco lo que falta en este sentido y seguramente nunca el camino estará cumplido. La igualdad en la diferencia debe ser también el signo de una democratización profunda de la cultura, a la que las mayorías tengan acceso, generando disposiciones al conocimiento y el disfrute de lo creado por este país. Democratizar la cultura no es sólo generar espectáculos masivos. Es también crear las condiciones para la renovación del gusto cultural popular y para el impulso hacia la emergencia de nuevas y distintas expresiones. Hay mojones de este intento -como la ley de medios y Tecnópolis- que debe ser profundizado y ampliado. Muchos pasos se han dado de 2003 a hoy para disminuir la desigualdad que había generado la destrucción de la educación pública. Más chicos en la escuela y almorzando con sus familias. Menor deserción. Primeras camadas del secundario en algunas zonas del país. Docentes reconocidos en su dignidad de trabajadores. Bibliotecas y netbooks para todos. Estos cambios destacan y promueven el desafío de avanzar por lo aún faltante: la buena escuela pública, como la mejor alternativa de formación en todos los lugares y para todos los sectores. Habrá que explorar pedagogías, cruzar saberes y pensamientos, interrogar los modos de transmisión del conocimiento; pero esto será posible no sólo por el trabajo de especialistas sino por la mayor participación de sujetos activos con compromiso en la transformación cultural y social necesaria para la buena educación. Ello requerirá que la política de Estado enunciada en la Ley de Educación Nacional se traduzca en prácticas sociales que legitimen en todo el territorio de nuestro país el derecho a la educación pública en una sociedad democrática. Pero aun con los cambios legislativos y políticas implementadas, subsisten tendencias estructurales regresivas, constitutivas de una matriz de sistema educativo, cuya reversión es imprescindible para atender al objetivo de la Igualdad. El creciente peso relativo de la educación privada -sostenida con financiamiento del Estado- en todos los distritos del país, pero con más intensidad donde predomina la población de sectores medios, resume la significatividad de esas herencias. Ese avance en desmedro de la centralidad de la educación pública es una fuente de desigualación social que conjuga desde segmentaciones clasistas hasta prejuicios raciales. La superación de esta lógica requiere de la convocatoria a los docentes, a los sindicatos y a la participación popular para movilizar la reposición de la escuela pública como núcleo clave de igualación social y forja de unidad popular.

Una nueva etapa del proyecto nacido con la asunción de Néstor Kirchner en el año 2003 queda inaugurada en los discursos de cierre de campaña de la Presidenta, en ocasión de la victoria electoral y en el foro del G20. En ellos el ideal de la Igualdad y la crítica del orden global del neoliberalismo resonaron como sus núcleos clave. Posicionarse desde América Latina y el Caribe sin neutralidad ni imparcialidad señala el alineamiento frente al poder central en el orden internacional y del lado de las mayorías populares en la política nacional. No son aceptables las interpretaciones de este triunfo electoral como el resultado de un modelo de consumo y a la vez clientelar, del tipo del que signó a los años noventa. En estos se trataba de una política de dádivas en un proceso de exclusión, en tanto el crédito a los sectores medios, el dólar barato y la focalización arbitraria -constructora de desigualdad- avanzaban con un discurso que naturalizaba la desaparición de la política como herramienta de transformación. Se trata de la diferencia del sufragio en una nación de ciudadanos frente al voto en un mercado de consumidores.


IV


La histórica denuncia de las “relaciones asimétricas” en la reunión de Mar del Plata, que derrotó al ALCA, y los proyectos de constitución del Banco del Sur y de la UNASUR, así como la desvinculación de las políticas recomendadas por los organismos financieros internacionales, precedieron a una crisis que tiene alcances inéditos, dramáticos y de fin imprevisible. La nueva política económica heterodoxa desarrollada por la Argentina y buena parte de América Latina y el Caribe generó mejores condiciones para las respuestas frente a la profunda crisis que se despliega en el nivel de la economía mundial.

El desplome financiero conduce a la destrucción de un stock de capital ficticio inconmensurable que provoca el desmanejo de las finanzas globales por los organismos creados para ese objetivo. Las derechas de los países centrales se obstinan en profundizar la lógica ultramercantilista en el funcionamiento de las economías, tanto en los órdenes nacionales como en la esfera global. En esos países la democracia emprende el retroceso a una formalidad sin ciudadanía, mientras el poder financiero elige tecnocracias para dirigir sus destinos. Las instituciones que fueron origen y centro de la crisis intentan someter a su cruda ley los presupuestos públicos y dar garantía de continuidad al capitalismo en su forma de financiarización. Xenofobia y ajustes en los presupuestos públicos, privatizaciones de empresas de servicios y reducciones de salarios, despidos masivos y destrucción de lo que restaba de los Estados de bienestar, configuran el nuevo rostro de los países centrales. En el centro del mundo se diseña un escenario de incertidumbre y amenazas, del que no están excluidas las intervenciones armadas que se excusan en “paradigmas civilizatorios”. Sin embargo, este avance reaccionario no se despliega sin resistencias. Las huelgas y movilizaciones obreras y el surgimiento de nuevas expresiones de lucha popular -como la de los indignados- son síntomas de un descontento que constituye un potencial de futuros conflictos, lejos de la pretendida sentencia del fin de la Historia que el neoliberalismo proclamaba en sus décadas de esplendoroso ascenso.

El discurso presidencial en el G20 impugnó el capitalismo financiero, la desregulación y la política de precarización del trabajo. Una impugnación a la esencia del capitalismo realmente existente. Implacable crítica hecha desde la jefatura de un gobierno empeñado en construir una sociedad de derechos mientras ese capitalismo actual los destruye en el centro del sistema global que construyó. ¿Habrá futuro para el capitalismo? ¿Habrá futuro para la humanidad? ¿El anarcocapitalismo conducirá a la barbarie?


La degradación del sistema en los países centrales comprende la aceptación y el fomento de paraísos fiscales, esquemas de elusión impositiva, maniobras con los precios de tranferencia en las operaciones intrafirma de las empresas transnacionales. Así, mientras la financiarización conduce a la profundización de estos rasgos, los discursos de los líderes de las naciones hegemónicas condenan esas prácticas, la mayoría de las veces en forma hipócrita, mientras promueven ordenamientos legales internacionales con objetivos más cosméticos que transformadores.


En cambio, los países periféricos que sufren pérdidas fiscales y fugas de capitales por la presencia de esos mecanismos, están interesados realmente en su desarticulación. El gobierno argentino ha trabajado en los foros internacionales en esa dirección. Así, el interés en el combate al lavado de dinero y la evasión fiscal son objetivos importantes y destacables de la política del gobierno. Pero resulta equivocado legislar esas cuestiones en el formato de “Ley Antiterrorista”, como se lo hace en el actual proyecto que trata el Congreso. Ese dispositivo adopta la duplicación de condenas acogiéndose a una definición del concepto de terrorismo de carácter tan inespecífico, que podría utilizarse en fallos judiciales que criminalicen la protesta social. Formato antiterrorista e inespecificidad de acepción que deriva del poder y las presiones norteamericanas en los foros internacionales. El gobierno argentino se ha destacado por su voz crítica en ellos y por eso sorprende y preocupa esta adopción de un estándar internacional contradictorio con el espíritu democrático del proyecto nacional que hoy despliega.


Durante la última década nuestra región ha comenzado a desarrollar, de manera creciente, una experiencia económica, política, social y cultural esencialmente diferente de la verificada en el mundo desarrollado. Tal proceso político, dirigido a establecer esa sociedad de derechos es incongruente con las sociedades de libre mercado. La preeminencia de lo político, tendencia verificable en gran parte de las nuevas experiencias nacionales de América Latina -con marcadas heterogeneidades, indudablemente- supone un ejercicio creativo de regulación pública creciente de aspectos económicos esenciales en el cual la ciudadanía política recupera un lugar principal respecto de las relaciones mercantiles no exento de conflictos y contradicciones. La frustración del plebiscito popular en Grecia acerca de las recetas de ajuste impuestas por el FMI, Alemania y Francia, permite realizar un poderoso contraste con la mayoría de los gobiernos latinoamericanos cuya soberanía política en materia económica se acrecienta y complejiza a través de novedosos entramados nacionales y de integración multidimensional. Si bien estos procesos no están exentos de intrincados desafíos, asociados a un exacerbado grado de transnacionalización, gestión de recursos naturales y complejos escenarios de tensión distributiva, sus características distan de constituirse en evidencia de la lógica del capitalismo central. La imaginación política regional, la búsqueda de autonomía y la voluntad integradora esencialmente crítica del neoliberalismo, han abierto una variante de organización social cuya denominación constituye aún una incógnita a dilucidar recurriendo a nuevos debates aún en ciernes. Parece apropiado evitar referencialidades semánticas a pesadas e irresueltas herencias, no renunciando sin embargo a recuperar del arcón de posguerra la voluntad de las grandes gestas humanas que, a través de distintas identidades, dirigieron su proa a idearios democráticos, populares, independientes, igualitarios y libertarios.

No es fácil darle nombre propio al tipo de sociedad que queremos, dice la Carta Abierta /10 y, ciertamente, ese nombre aparecerá cuando se pronuncie colectivamente, en el interior de la conciencia de miles y miles de personas. La unidad de América Latina y el Caribe, que incluye el rechazo a las conductas imperiales y la anárquica desregulación financiera, resulta en la urgencia de una autonomía no sólo justa, sino imprescindible, frente al desastroso despliegue reaccionario en el centro del capitalismo mundial. El paradigma de la Igualdad adquiere una significación trascendente como brújula en el clima de desazón de esta época.

La recuperación y centralidad de la idea de Igualdad representa una transformación cultural en la Argentina. El trazo grueso de los cantos de sirena del neoliberalismo fue el de crecimiento y derrame: sin acción pública los estímulos de mercados y ganancias conducirían a la ampliación y eficiencia productivas que desembocarían en la reducción de la pobreza en una sociedad de desiguales para el “bien” de todos. Sin embargo, el resultado fue el estancamiento y la exclusión.

Siempre ha existido una relación contradictoria y tensa entre capitalismo e Igualdad. La extensión de los derechos civiles y políticos generalizó la ciudadanía formal, mientras que esa expansión a la vez operaba como velo de la desigualdad en el acceso a bienes y servicios. La idea liberal de un ámbito público de la política alienado de un espacio privado reservado para la economía, esteriliza la potencia de la primera para transformar la segunda. Ni la Igualdad sustantiva, ni la ampliación de derechos son cuestiones de mercados, sino de ciudadanía. La primacía de la política sobre la economía, la intervención pública en ésta, la sustitución del objetivo del crecimiento por el del desarrollo y el privilegio ciudadano sobre la determinación mercantil para elegir el destino estratégico de una nación, son tributarios de una propuesta de profundización de la Igualdad. Ésta es la inscripción del paradigma de la Igualdad proclamado por la Presidenta como objetivo de esta etapa.


V


Desde 2003 se produjo una mejora sustantiva en la distribución del ingreso, tanto que la Argentina eleva los índices promedio de la región en términos de equidad distributiva. El sistema impositivo alcanzó en 1974 su pico de equidad del siglo XX, y luego comenzó un ininterrumpido derrumbe que profundizaba constantemente su regresividad. El actual proyecto ha revertido esa tendencia alcanzando una leve progresividad al final de la década recién concluida. Las retenciones han contribuido a ese cambio. Pero el régimen impositivo sigue siendo injusto con el 20% más pobre de la población y reclama una reforma tributaria. Reforma que también es necesaria para la estabilidad estratégica fiscal. El impuesto a la renta financiera, la mayor progresividad del impuesto a las ganancias, la reforma en el impuesto al valor agregado, la consolidación de las retenciones (inclusive recuperando la idea de retenciones móviles) y el refuerzo de las imposiciones patrimoniales provinciales, son cuestiones pendientes.

El crecimiento del gasto público ha contribuido a la mejora de la equidad. El significativo incremento del presupuesto educativo y el aumento del gasto en salud contribuyeron en ese sentido. La inversión realizada en esos campos requiere una renovación ahora cualitativa: una atención que no sólo descanse en la mejora de la infraestructura escolar o sanitaria. En relación a la salud pública es preciso puntualizar que no se han producido avances en importancia e intensidad equivalentes a los que sí se dieron en áreas como los derechos previsionales, humanos, educación y de generación de empleo. Se ha tendido a consolidar la inercia heredada, a contramano de las notables transformaciones que el modelo nacional y popular ha sabido generar. El control a los laboratorios, la producción pública de medicamentos y la regulación de la medicina prepaga deberían avanzar en la generalización de un sistema igualitario de salud. Hoy sólo el 1,9% del PBI se invierte en salud pública gratuita, mientras subsiste -en un sistema fragmentado- una enorme inequidad en la distribución de los recursos. Pensar la salud como política de integración social hace necesario recuperar el rol del Estado como único rector y prestador creciente y dominante, para hacer realidad la universalidad de la atención y el acceso a la salud como derechos de ciudadanía. Un derecho no es ni puede ser una mercancía, ni debe ser el mercado quien distribuya la salud y la vida.


La quita de subsidios a los ricos y a las clases medias-altas que pueden prescindir de los mismos contribuye a la equidad distributiva. La reasignación presupuestaria al gasto social y a la inversión pública es de estricta justicia. La campaña mediática que designa la mayor carga como un ajuste tiene una marca clasista. No hay redistribución sin recortes del ingreso de los más pudientes. Ajustistas son las políticas recesivas y restrictivas que disminuyen la capacidad de consumo de las mayorías populares asociadas a recortes del gasto público y no así las reasignaciones progresivas del mismo, que mantienen su nivel. Un cambio distributivo supone modificaciones en la lógica de consumo y de la propia estructura productiva que provee los bienes para éste.


La cuestión de la Igualdad comprende el debate clave acerca de los sectores en pugna por la distribución del ingreso. Los enfoques económicos que desde diversos sectores apuntan a detener la política de incrementos salariales, ubicándola como causa del alza de los precios y la disminución de la competitividad externa, tienden a imponer un orden injusto propio de la experiencia neoliberal, pero esta vez actualizándolo bajo la forma de una peligrosa heterodoxia de raíz conservadora. Este aparente oxímoron consiste en propiciar una creciente intervención estatal en materia económica pero amputando las políticas que diferenciaron al período abierto en 2003 -asociadas a la recuperación de los convenios colectivos de trabajo y la dinámica sindical- del programa encarnado por el duhaldismo en beneficio del poder económico concentrado local y extranjero. La competitividad externa, luego de la devaluación del peso argentino en 2002, fue conseguida a costa de fuertes transferencias de ingresos desde los trabajadores y sectores vinculados al mercado interno hacia los sectores empresarios medianos y grandes rurales y urbanos. No se explicó, entonces, por un incremento de la competitividad sistémica genuina, sólo posible por saltos tecnológicos y productivos devenidos de una conducta empresarial de fuertes inversiones, que en el caso de las grandes empresas tendió a no verificarse con el mismo dinamismo que en la década de los ‘90 pese a las comparativamente altas tasas de ganancias de los últimos años. La imprescindible política de incrementos salariales sistemáticos propiciados, a partir de 2003, por los gobiernos nacionales tendió a compensar esa transferencia inicial y distribuir los beneficios de la acelerada creación de riqueza que se produjo. Con el fin de preservar el carácter progresivo de la política pública -uno de los basamentos del modelo económico- parece imprescindible encauzar el debate acerca de la inflación y el tipo de cambio hacia los complejos escenarios de la puja entre sectores sociales por la distribución del excedente, ejercicio que implica analizar precios, tasas de ganancia, productividad, inversiones y salarios de manera conjunta. Ello supone en sí una renovada acción estatal, tanto técnica como política, sostenida por un debate público, como expresión evidente de la metáfora presidencial de “sintonía fina”.


Mucho se hizo en estos años en pos de la afirmación de la Igualdad. Lo hizo un gobierno componiendo a su alrededor un conjunto de alianzas. No fue menor el lugar que tuvo y tiene en esa alianza el sindicalismo mayoritario. Organizaciones remisas a revisar las lógicas de poder que las estructuran -y que las llevan al reconocimiento de cercanías que son claramente corporativas, como la defensa de algunos dirigentes que son juzgados por delitos económicos, delitos inaceptables desde cualquier percepción efectiva de la defensa de los derechos de los trabajadores-, pero al mismo tiempo forjadas en la protección de los derechos de los asalariados formales. El grupo que hoy conduce la CGT se templó en la resistencia de los años ‘90; y desde 2003 para aquí articuló alianzas al tiempo que sostuvo la mejora de los salarios y la ampliación de derechos. Un contexto de expansión de la demanda laboral y de paritarias reconocidas lo hizo crecer y afirmarse. Hoy aparecen, enfáticamente anunciadas, oscuridades en esas alianzas.


No es fácil, nunca, orientarse en las coyunturas que son pródigas en ambigüedades, en componer hilos heterogéneos, en presentarse con rostros ambivalentes. Pero todo ello no puede evitar una nitidez que sigue presente: la política argentina sigue teniendo un trazo fundamental que distingue entre un bloque de la reacción y un movimiento -complejo y múltiple- que apuesta por la Igualdad. Es inimaginable que los trabajadores argentinos y sus representaciones sindicales elijan el camino de la reacción, arrojándose a los brazos de aquellos que hasta ayer nomás se decían sindicalistas para defender intereses patronales o para actuar como emisarios de la corrosión de la legitimidad institucional. Porque la CGT conducida por Hugo Moyano no tiene nada que ver con un gastronómico de las barrabravas ni con un dirigente de peones rurales que pone a sus afiliados como carne de cañón para un paro patronal. Habrá nubarrones en la coyuntura, oscuridades que opaquen la nitidez, habrá que renovar -para despejarlos- un compromiso común, un compromiso hecho de tensiones, diálogos, conflictos y disidencias pero sustentado sobre un acuerdo necesario: el de profundización de la Igualdad, el de ampliación de derechos.


VI


El paradigma de la Igualdad como el que se avizora requiere de la autonomía nacional. Un problema central y estructural subsistente e intacto es la extranjerización de la economía. La concentración más esa extranjerización, profundizadas deliberadamente por las políticas neoliberales, contribuyen a una persistente fuga de capitales. Durante los ‘90 se financiaba con endeudamiento y hoy se lo hace con las divisas del superávit comercial, conseguido como resultado de la actual política económica y de las condiciones de la economía mundial. Así, el resultado del esfuerzo común es girado al exterior por los más poderosos, que cuanto más ganan más giran. Las constantes remesas de utilidades revelan que la Igualdad no constituye un objetivo exclusivamente social, sino un problema nacional. Así, a la exigencia de mayor inversión se agrega el requerimiento de renacionalizar la economía. Las filiales de las empresas transnacionales orientan su política, mucho más, por las necesidades y lógicas de sus casas matrices que por las definiciones, estímulos y objetivos de la política económica local. Una nueva ley de inversiones extranjeras es necesaria para proveer un marco regulatorio que permita al Estado fijar políticas.


Pendiente está, en función de la profundización de la Igualdad, una legislación justa sobre la posesión de la tierra urbana y rural. El proyecto de Ley actualmente en discusión constituye un primer paso. Los desalojos de los humildes y la prepotencia de quienes los llevan a cabo han causado derramamiento de sangre y muertes. La legislación necesaria implica un debate respecto del derecho de propiedad, que por cierto se originó como todos los derechos civiles como reivindicación de los más débiles frente a los más fuertes. La conquista de los montes por parte de los sojeros tiene la misma lógica que la conquista del desierto del siglo XIX. Se despliega como una violación del derecho de propiedad comunitaria para la vida y la cultura de comunidades enteras, destruyendo los derechos de los pueblos originarios y de los campesinos para establecer otros nuevos, que protejan la apropiación de medios de producción por una clase objetivamente vinculada con la restauración del modelo derrotado en 2001. Apropiación típica de los conquistadores, por medio de la expulsión de campesinos de sus tierras. La solución del hábitat urbano y rural es, tal vez, la que atendería los problemas de mayor injusticia y violencia, resultantes de inequidades desgarrantes.


La marginación del ideario del desarrollo, y su empobrecimiento al subsumirlo en los conceptos de crecimiento y derrame, fueron tributarios de la sanción de leyes financieras que retiraron al Estado de la función de direccionamiento del crédito. Nuevas leyes que regulen el funcionamiento de las entidades, las funciones del Banco Central -que incluyen la recuperación del poder estatal para articular la política monetaria con las otras políticas públicas- y los derechos, acceso y protección a los usuarios del crédito, significarán la derogación y el reemplazo de la que fuera la ley de leyes de la política económica de la dictadura terrorista: la ley de entidades financieras, y, también, de la carta orgánica del Banco Central, columna vertebral de la financiarización.


La vibrante defensa de Cristina Fernández de la gestión en Aerolíneas Argentinas, la estatización que dio origen a AYSA y las diferencias de eficiencia en la gestión pública de los fondos jubilatorios aplicados a proyectos de desarrollo, habilitan una vía de profundización sostenida en la recuperación de la gestión empresaria del Estado. Quedó agotado el discurso de la ineficiencia pública respecto de la virtud de la privada. El desempeño del Banco Nación durante las crisis y en el estímulo del crédito productivo, frente a la conducta lucrativa de corto plazo de una banca extranjera especializada en créditos personales -colocados a altas tasas-, muestra otro contraste que abunda en el fundamento del colapso de esa creencia. Así, el empeoramiento del balance de divisas en el sector energético, alerta sobre una insuficiencia exploratoria del capital privado en la industria petrolera. La mejora en el planeamiento y la regulación, y la recuperación de la centralidad empresaria estatal en ese sector no sólo atenderían a requerimientos del proceso de desarrollo, sino que también crearían condiciones para generar estrategias económicas que no desdeñen el cuidado del medio ambiente, a la vez que afirmarían el camino de la autonomía nacional.


VII


Si se postula una sociedad de derechos, es impensable avanzar sin la idea del plan. Una sociedad de mercados es una sociedad sin plan, porque la organización de la misma opera indirectamente por el peso de la pura correlación de fuerzas de los poderes económicos. En cambio, la construcción de una sociedad de derechos requiere de la participación ciudadana en las decisiones. Participación cuya fuerza quedó demostrada en la forja de la ley de medios, en su discusión por múltiples foros y en la creación de una sensibilidad social sobre su importancia. No debe ser ese un caso aislado sino el umbral para políticas renovadas en las que se apele a una capilar politización de lo cotidiano. O, dicho de otro modo, en el que se conjugue la igualdad más profunda: aquella que nos hace sujetos políticamente autónomos, capaces de opinar, juzgar, comprometerse y decidir.


Una sociedad movilizada, una opinión pública capaz de forjarse en los debates y no en ningún pensamiento único, una dirigencia capaz de asumir desafíos renovados, un vasto conjunto de militancias heterogéneas y diferentes, configuran un escenario promisorio para el año que se abre. Los desafíos son profundos y las interpretaciones que se conjuguen deberán estar a la altura. No es tiempo de tratos maniqueos con el pasado ni de juicios sumarios sobre la Historia, más bien lo es de recostar nuestra experiencia política sobre la diferencia que establece con otros momentos pero también para que su actual complejidad ilumine la complejidad del pasado. Porque somos enfáticos habitantes del presente, debemos ser comprensivos visitantes de lo sucedido. A sabiendas de que los tiempos nos exigen una imaginación política renovada y un compromiso colectivo para pronunciar las palabras justas. Aquellas que nos permitan afirmar la Igualdad.-