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martes, 16 de diciembre de 2008

¿Qué hay que hacer con el tipo de cambio?


El modelo surgido después del abandono de la Convertibilidad permitió crecer a altas tasas anuales y mejoró las variables sociales a partir del sostenimiento de un tipo de cambio competitivo y del aprovechamiento de un escenario internacional muy favorable.

El principal pilar del actual modelo económico fue el tipo de cambio real depreciado, principal herramienta de política económica para lograr fuertes tasas de crecimiento.

Ya no hay tipo de cambio competitivo, ni escenario internacional favorable. En este contexto, el crecimiento económico comienza a languidecer. Aunque, comenzó a languidecer antes del estallido de la crisis internacional.

El crecimiento económico había comenzado a erosionarse como resultado de una política económica inconsistente e inflacionaria, que apreció el tipo de cambio real, restándole competitividad al sector exportador y protección a los sustituidores de importaciones.

A los efectos negativos sobre el nivel de actividad provenientes de la inflación y la apreciación del tipo de cambio real (existentes desde comienzos de año), ahora hay que sumarles los provenientes de la esfera internacional, que surgieron, posteriormente, a partir de julio pasado. El escenario internacional pasó de virtuoso a vicioso. El deterioro del escenario internacional no es independiente de la apreciación del tipo de cambio real, sino que la alienta.

La fuga de capitales surge a partir de la formación de expectativas de depreciación del tipo de cambio y el principal problema es que genera, al mismo tiempo, desequilibrios tanto en el mercado monetario, como en el cambiario.

Descartando la posibilidad que la fuga de capitales desaparezca por un cambio de política económica, el ajuste de la economía hacia un nuevo equilibrio sin fugas de capitales implicaría un aumento del tipo de cambio, menor nivel de actividad y, dependiendo de la magnitud del salto de la cotización del dólar, una aceleración inflacionaria.

Sin un tipo de cambio depreciado, el actual modelo económico pierde sustento. Hoy en día, dieciséis de los veintidós principales sectores exportadores (agrícolas, agroindustriales e industriales) de nuestro país enfrentan un tipo de cambio efectivo más bajo que hacia finales de la Convertibilidad, lo cual se agravó a partir de la crisis mundial cuando el euro y el real se depreciaron fuertemente contra el dólar.

Hay que entender que el tipo de cambio debe estar en el centro de la discusión concerniente a la sustentabilidad del modelo Productivo en el largo plazo. Un tipo de cambio real elevado y, sobretodo, su estabilidad en el largo plazo, fomentan el crecimiento económico.

El actual modelo productivo funciona con un tipo de cambio competitivo, por el contrario, sin él terminará agotándose. Un tipo de cambio real elevado y, sobretodo, su estabilidad en el largo plazo, fomentan el crecimiento económico.

La supervivencia del modelo productivo exige una depreciación del tipo de cambio real. El punto crucial es que los efectos de una devaluación no son homogéneos, sino que dependen básicamente de su magnitud, de las condiciones de la demanda de dinero, de las políticas monetarias y fiscales y, por último, de la coyuntura del mercado de bienes y del mercado laboral.
Dadas las condiciones macroeconómicas actuales, hay altas posibilidades que una fuerte depreciación del tipo de cambio genere más inflación que crecimiento, por ende es muy importante que el BCRA intervenga y administre las presiones sobre el tipo de cambio.

La autoridad monetaria lee muy bien la coyuntura cambiaria y monetaria doméstica. Tiene muy en claro que la supervivencia del modelo Productivo exige un tipo de cambio real más depreciado, pero también tiene en cuenta que, bajos las condiciones macroeconómicas actuales, un “salto” del tipo de cambio podría generar inestabilidad macroeconómica, impactando negativamente en las tasas de crecimiento. El problema más delicado es que nadie puede saber, a ciencia cierta, cual es el umbral a partir del cual un mayor tipo de cambio generará esa inestabilidad macro.

En este marco, el BCRA está administrando las presiones cambiarias con mucho cuidado, teniendo en claro que el modelo Productivo necesita un tipo de cambio más elevado, pero, al mismo tiempo, sin olvidar que un salto abrupto de la cotización de la divisa norteamericana podría tener efectos negativos sobre la estabilidad macroeconómica, la inflación y el nivel de actividad.
Teniendo en cuenta que la economía americana está enfrentando un proceso deflacionario, cuanto más rápido se deprecie el tipo de cambio nominal contra el dólar, menor será su aumento requerido para recuperar la competitividad.

Una depreciación nominal del peso argentino contra el dólar que ubicara el tipo de cambio nominal en torno a 3.70 por dólar, sería apenas inferior a la experimentada por el real brasileño desde el inicio de la crisis internacional.
Hay que considerar el tipo de cambio nominal entorno a $3.70 por dólar como una cotización máxima.

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